Esta noche en los cuartos de final del Mundial 2026 ante Francia, estará Yassine Bounou, conocido en el mundo del fútbol simplemente como Bono. Su historia arranca muy lejos de Marruecos, el país al que representa desde hace más de una década y por el que ya es una leyenda. Bono nació el 5 de abril de 1991 en Montreal, Canadá, donde sus padres —ambos marroquíes— residían por motivos laborales: su padre era profesor universitario de física.
La familia regresó a Casablanca cuando el futuro arquero tenía apenas tres años, y allí, a los ocho, comenzó su carrera futbolística en las divisiones inferiores del Wydad Casablanca, club con el que debutaría como profesional en 2010. Su carrera en Europa comenzó en 2012, cuando el Atlético de Madrid se fijó en él tras su participación en el torneo Esperanzas de Toulon, aunque desarrolló buena parte de su fútbol en el filial colchonero y en cesiones al Real Zaragoza y al Girona.
Su verdadera consolidación llegó en el Sevilla, club en el que jugó entre 2019 y 2023 y con el que conquistó dos títulos de la Europa League, además de convertirse en el segundo portero africano en la historia en ganar el Trofeo Zamora al arquero menos batido de LaLiga. En 2023 se marchó a Arabia Saudita para sumarse al Al-Hilal, equipo en el que milita actualmente. Bounou fue una de las grandes figuras del histórico cuarto puesto de Marruecos en el Mundial de Qatar 2022, la mejor actuación de una selección africana en la historia de los mundiales.
Al contrario de lo que se suele hacer cuando un portero afronta un tiro de once metros en una tanda, Bono sobresale. Su inusual técnica del portero marroquí que desespera a los delanteros en una fase crucial del partido es llamativa, tanto por su ortodoxa puesta en escena como por su efectividad. Esta noche, Bono buscará repetir sus hazañas ante una Francia que en Qatar 2022 truncó el sueño marroquí de llegar a la final con un 2-0 en semifinales.





