Contra un fútbol de fundamentos, Marruecos se excedió (0-3). Un gol a balón parado rompe con todo lo planificado. Con urgencias por atacar, aparecen los espacios, aunque para aprovecharlos hay que saber detectarlos. Los africanos lo hicieron y a puras transiciones remataron la faena.
Las bandas para atacar clausuradas, sin salida con pases verticales desde atrás y ofuscación (cuatro amarillas), fue el resumen de la primera parte. Gol de laboratorio (Ounahi) al volver de vestuarios, que tachó los garabatos de la pizarra de los entrenadores. Brahim apareció con espacios para atacar, Amrabat dio más criterio a los equilibrios defensivos y Rahimi , travesaño y gol.
Laryea y Ahmed cerraron el sector derecho de Marruecos, y en el opuesto, Johnston lo tapió. Comienzo donde los principios teóricos del juego brillaron, presionando y provocando errores de construcción rivales. Eustaquio , el promotor de transiciones ofensivas, y David probando a Bono. Sus urgencias lo condenaron.
El rey GOL, cuando aparece inesperadamente, propicia cambios, variantes, borra lo anterior y activa mecanismos de reacción. Un equipo disfruta de marcar, y el otro sufre por encajar. Entrenador que reacciona más rápido desde el conocimiento e intuición, es un potencial triunfador. Lo maravilloso de lo intrigante, con equipos que salen a por la victoria, desarrollando sistemas, estilos y organizaciones diferentes, y futbolistas que se empeñan en destruir lo automatizado para pasar a la historia.





