El fútbol es devoción y entrega sobre el verde. Lo demás no difumina su arte. La rebeldía belga provocó un aluvión de ataques contra la portería estadounidense desde el comienzo. En el primer cuarto, diez tiros a puerta de Bélgica contra cero de Estados Unidos. Diferencias de actitud y aptitud marcaron la incertidumbre del resultado hasta el final (1-4), regalos defensivos incluidos.
El ingreso de Vanaken por Onana, lesionado, cambió la organización de su centro y acompañó más a un De Keteleare incontenible. La virtud, aprovechar la pasividad rival dentro del área para golear, fruto de una plantilla amplia en calidad y recursos tácticos. Tielemans y su liderazgo más Trossard y su intuición se ajustaron para temporizar y terminar a puro contraataque.
Estados Unidos sucumbe ante sus propios errores. Pochettino quiso corregirlos con variantes necesarias en su equipo pero los despistes individuales eran goteras constantes. El incansable Adams desde el pivote se multiplicó en esfuerzos y Pulisic con el balón fueron gotas en el océano. Decepción. Quizás los pudo la presión. Quizás.
Courtois repitió sus salidas de atrás con golpeo en largo, buscando las espaldas del adversario, la altura de sus puntas, el titular y el suplente (Lukaku). Un recurso para anular presiones y mantener el balón alejado de la propia portería. El perfil de un ex jugador, ahora seleccionador, casi siempre caracteriza al estilo de juego de su equipo. Bélgica lo hizo y Estados Unidos se despide de su Mundial.





