Cinco minutos llevaba apenas Mikel Merino sobre el césped del Dallas Stadium cuando le llegó el balón en la frontal del área pequeña. Zurdazo y adentro. Era el minuto 91 de un partido que España había dominado desde el minuto dos, cuando Oyarzabal obligó a Diogo Costa a la primera de sus cinco paradas. El portero portugués sostuvo a su equipo durante 88 minutos. No pudo hacerlo durante 90.
El partido contó con cuatro fases claras. Portugal tuvo más sensaciones que 'punch' real. Cristiano Ronaldo probó a Unai Simón en el 11' y en el 36', y ahí se acabó el inventario ofensivo portugués entre los tres palos. Dos remates a puerta en todo el partido, los dos del 7, los dos salvados. El registro de datos de la FIFA lo certifica: España acabó con 1,69 de xG por los 0,91 de Portugal, con 15 remates frente a 10 y con seis llegadas a puerta frente a dos.
La eliminatoria se decidió tarde, pero se cocinó desde el primer minuto. Y se cocinó lejos del balón. Portugal presionó más veces que España: 342 acciones de presión frente a 294. Los números, sin embargo, esconden otra cosa. De esas 342 presiones portuguesas, solo 27 fueron directas; España firmó 45. La consecuencia se mide en segundos: la selección de De la Fuente tardó 13,75 de media en recuperar el balón, mientras que Portugal necesitó 19,11.
El gol de Merino, llegado tras 88 minutos de asedio y con las piernas frescas de un cambio en el 85', tiene por eso poco de accidente. España acumulaba cinco remates a puerta salvados por Costa y 144 recepciones en el último tercio, 43 más que su rival. Cuando un equipo llama tantas veces a la puerta, alguien acaba abriendo. España jugará los cuartos de final con una certeza incómoda para sus rivales: puede ganar un partido sin que su fútbol brille, sólo con la aplicación de su plan.





