Se nos hacía la boca agua con este 12 de agosto. Pero ni el fútbol ni el eclipse vividos en Riazor nos saciaron, y la sensación final fue la de un banquete servido a medio cocer. Vimos un partido de primera envuelto en un trofeo mítico, sí, pero todo transcurrió a medio gas. Un aislado destello de Brahim fue lo único que el público se llevó a la boca durante el primer tiempo, un aperitivo fugaz.
El eclipse, del Teresa Herrera y las fiestas de María Pita convirtieron a A Coruña como the place to be para pasar este 12 de agosto. Sin embargo, el primer fenómeno apenas se hizo notar por la playa de Riazor. Corrían las 20:28 de la tarde cuando el cielo comenzó a oscurecerse, pero de ahí no pasó. Las nubes no dejaron entrever poco más a una parroquia que en sus planes figuraban primero ver el eclipse y después entrar al campo.
Este Madrid, de momento, está siendo de primeras partes. Los de Mou están agresivos, presionando arriba y esbozando cierto dinamismo y verticalidad en las contras. También a Bernardo jugueteando con más notoriedad en la medular. Pero la película se apaga en la segunda parte. Será cosa de la pretemporada y la falta de rodaje, pero no lo obviemos: queremos ver ya a 'los buenos'. Mou ya avisó. Mbappé, Diomande, Bellingham o Cucurella le darán un giro de 180º a este equipo, aunque no hace falta ser vidente para saberlo.
Riazor ya es territorio hostil para Vinicius. Sin comerlo ni beberlo, el brasileño fue objeto de una sonora pitada cada vez que rozaba el balón. Normal, sin duda fruto de todo el daño que les ha infligido durante estos años —entiéndase la ironía—. Cuesta hallarle sentido, porque entre él y la grada blanquiazul no existen cuentas pendientes. Jamás se habían visto las caras, ni él ni el equipo.





