Mohamed Salah se dirigió a la afición egipcia a través de las redes sociales tras la eliminación de su selección en octavos de final ante Argentina (3-2), en un partido en el que los Faraones llegaron a ir 2 goles arriba antes de encajar la remontada albiceleste. En su mensaje, el capitán pidió disculpas implícitas por la decepción generada y lanzó una promesa de futuro: trabajar para que esta participación mundialista marque un nuevo punto de partida para el fútbol egipcio en la escena internacional.
El tono conciliador y constructivo del mensaje de Salah contrasta con el clima de indignación que dejó el partido en el entorno egipcio. El seleccionador Hossam Hassan y el delantero Mostafa Ziko criticaron duramente el arbitraje del francés François Letexier, hablando de una clara injusticia y llegando a insinuar presiones externas sobre el colegiado.
Salah, sin embargo, marcó distancia con ese discurso: evitó sumarse a la teoría del robo arbitral y prefirió centrar su valoración en el orgullo por el recorrido del equipo. Su mensaje en redes no solo funciona como un gesto de agradecimiento hacia la afición, sino como una declaración de intenciones: convertir la frustración de esta eliminación en el punto de partida de un proyecto más ambicioso para el fútbol egipcio a nivel internacional.
A sus 33 años y con su etapa en el Liverpool tocando a su fin, el máximo goleador histórico de Egipto parece querer dejar un legado que vaya más allá de sus propios números, apostando por sentar las bases de una selección capaz de competir de igual a igual en el escenario mundial, no solo de clasificarse a sus citas. La promesa de trabajar por ese 'nuevo comienzo' convierte una eliminación amarga en punto de partida.




