Estaba claro que ya nadie consideraba a Marruecos una selección menor. Lo de revelación del Mundial, como pasó en Qatar, ya pasó. La evolución de esta selección era claramente en línea ascendente y llegaba a este Mundial como un equipo a tener en cuenta para llegar lejos.
La manera en la que juega Marruecos y, sobre todo, cómo gana, se ha convertido en una señal de que puede aspirar, por qué no, a levantar la copa. Ounahi está con la flechita hacia arriba. Su fase de grupos fue algo discreta para lo que se espera de él. Pero han llegado las eliminatorias y está en su salsa.
Oluwaseyi dejó una de las acciones más bonitas del Mundial. Tan sólo corría el minuto 10 de partido cuando el canadiense recibió de espaldas en el área. Con Halhal encima del él, en apenas unas milésimas, pisó la pelota para girarse y romper la cintura al defensor marroquí.
La primera parte dejó un dato muy curioso y que definió lo que se vivió durante los primeros 45 minutos. Según Opta, la primera mitad contó con menos tiros (5) que tarjetas amarillas (6). Esto es la primera vez que ha ocurrido un partido de la Copa del mundo según los registros (desde 1966). Marruecos se metió en los cuartos de final con un gol de pura estrategia.





