Junto a las estrellas de Louis Armstrong, Sylvester Stallone o Mickey Mouse, a partir de hoy, habrá que instalar la de Johan Manzambi. A sus 20 años, el joven talento helvético derribó la puerta y se presentó a lo grande en un Mundial: entró al campo en el minuto 71, desatascó el mismo tres minutos más tarde y redondeó una gran noche con un doblete en el minuto 90. Una actuación merecedora de un Oscar en Los Ángeles.
Hasta su entrada, Suiza había dominado de cabo a rabo el partido. Con pocas ocasiones, pero con la solvencia que suelen ofrecer siempre en las fases finales. Bajo la magistral dirección de Xhaka, y con Ndoye como agitador en el último tercio de campo, el equipo de Yakin solo echó en falta la finalización de Embolo, ausente durante dos tercios del partido.
Pero Bosnia se mostraba inofensiva. Más incluso que los qataríes en el partido del estreno. Pobre bagaje para una selección que cuenta con mejores argumentos de los que, hasta la fecha, ha mostrado en este Mundial. Únicamente un par de apariciones del veterano Edin Dzeko, ayer titular en el equipo de Barbarez, parecían alterar un partido totalmente controlado por los suizos.
Tuvo que mover ficha Yakin porque su equipo iba camino de rascar otro insuficiente empate. Había que arriesgar y el triple cambio, a veinte minutos del final, le sentó de maravilla. Especialmente la entrada de Manzambi, que a los tres minutos de aparecer en el campo enganchó una contundente volea para reventar el partido. A partir de ahí, agitación masiva en Los Ángeles. Bosnia se quedó con diez por una entrada de Muharemovic sobre Embolo siendo el último hombre y Suiza olió la sangre. Vargas se apuntó el segundo y Manzambi, para redondear una noche histórica, anotó el 3-0. Mahmic tuvo su momento con una preciosa volea para maquillar un resultado que todavía tuvo tiempo de asistir al gol de penalti de Xhaka. Lo merecía el cerebro de una Suiza que ya tiene nuevo ídolo. Manzambi tiene estrella.





