En el mercado de fichajes, querer no siempre es poder. El Real Madrid quería a Rodri, pero el español se ha decantado por el Barça, dejando al conjunto blanco con la mano tendida y sin apretón. No es la primera historia de este verano con final de desencuentro, pero sí una en la que, por una vez, la balanza no se inclinó del lado madridista.
El Madrid nunca llegó a presentar una oferta formal al Manchester City. En abril, el conjunto 'citizen' le presentó la renovación a un Rodri que se planteaba no aceptarla, y meses más tarde, el Madrid obtuvo permiso para negociar. El club estimó un precio razonable, en torno a los 60 millones de euros, lejos de los cien que algunos aventuraban.
Las conversaciones, pese a todo, dejaron buen sabor. En la casa blanca quedaron satisfechos del trato con el futbolista y su entorno, con palabras cálidas para ambos. Rodri, sencillamente, prefirió el Barça por afinidad con su estilo de juego y con el vestuario, en una decisión que difícilmente respondió a lo económico.
La clave está en que el club nunca dependió de esa operación. En la planificación inicial, la función que habría desempeñado Rodri estaba reservada a Bernardo Silva, y el que fuera Balón de Oro habría sido la guinda. El Madrid da por cerrada su plantilla al 95%, con la salvedad de una oferta astronómica por algún jugador que provoque un vuelco de última hora.




