Arda Güler no desperdicia una ocasión de aumentar su importancia en el Real Madrid. El turco se ha hecho imprescindible en ese rol que recuerda al Özil de la primera época, con una asistencia imponente para cerrar la victoria. Es el talento puro en un equipo que cada partido es más sólido, con la fórmula que ha ido depurando Mourinho desde el Metropolitano. Son ocho victorias consecutivas que refuerzan la candidatura blanca a todo, esta en un estadio tradicionalmente espinoso. Pero no es este Valencia tan fiero como otras épocas, y aunque tiró de orgullo e intensidad, se deshizo al primer golpe. Mucho trabajo tiene Aguirre para poner a salvo a un histórico.
No era una jornada cualquiera. Primero, porque fue imposible no emocionarse en el homenaje a Demi, así en Mestalla como en el resto de estadios. Después, porque el Madrid tenía la opción de encaramarse a lo más alto de la tabla, a la espera de lo que ocurra en el Metropolitano. Y para la ocasión dispuso Mourinho lo que empieza a parecer su once de gala. Con Valverde de lateral, Bernardo en el eje, Arda de enganche y Diomande en izquierda. Salió intenso el Madrid, como en Santander, pero se encontró lo habitual en Valencia. Un rival áspero e intenso, un ambiente eléctrico... Como en los viejos tiempos.
La victoria ante el Elche quitó plomo de las botas valencianistas, que plantaron cara al eterno enemigo. Con Pepelu de central, cinco defensas y Mayol en el eje con Guido y Guerra, Aguirre ordenó atosigar al rival sin balón y buscar la jugada directa a la contra. Controló bien al Madrid durante media hora, sin conceder remates sencillos, e incluso disfrutó de la mejor ocasión en un robo excelente de Aarón Mayol a Tchouaméni que el canterano colocó junto al palo, seco y duro. Hasta allí llegó el inmenso brazo de la ley de Courtois, artículo 1: "No hay partido blanco sin parada milagrosa del belga".
El buen rato valencianista empezó a decaer por pura ley física. El Madrid tocó con paciencia buscando el chispazo propio o el despiste ajeno. Y defendía bien el Valencia, con los excesos habituales de Maffeo. Sin su bro Vinicius, el lateral se aplicó a fondo con Diomande y Cucurella, al que regaló una patada fea por detrás. Será el karma o el destino, pero en una diagonal de Mbappé le interceptó el valencianista con tarjeta (dijo en el descanso que no era ni falta), botó Kylian la falta y el rechace cayó al lateral más letal del planeta, con permiso de Hakimi. Valverde golpeó duro, cruzado, abajo, imposible para Dimitrievski.
El 0-1 deshilachó al Valencia, que recibió el segundo muy pronto. Alargó las posesiones el Madrid y encontró premio en una combinación por la izquierda. Entró Bellingham, en un punto óptimo de forma, buscó línea de fondo, Mbappé no llegó al remate y Arda remachó desde cerca. Incluso, antes de la pausa pudieron finiquitar el partido Arda y Diomande en una doble opción, la primera resuelta con una buena mano de Dimitrievski, la segunda pifiada por el marfileño al echar el cuerpo atrás. Hizo muchas bien el marfileño, pero perdonó un gol claro.
El segundo acto bajó las revoluciones del duelo. El Madrid empezó a sumar pases hasta acumular llegadas claras. Clarísmas. Una de Arda que sacó Dimitrievski, dos de Mbappé clamorosas, al cuerpo del meta... Demasiado cómodo ante un Valencia que, con los cambios, parecía cerca del armisticio. Entró el delantero Aimar, del filial, por Sadiq, y después retiró Aguirre a Guido para evitar complicaciones futuras. Lo de Maffeo, con tarjeta, fue más para no correr el riesgo de quedarse con diez. Total, que el Madrid se confió y el Valencia pudo meter picante al partido. Javi Guerra, que tiene calidad para regalar, encontró el resquicio para meter un pase excelente a Danjuma. No lo hizo mal el neerlandés con el tiro cruzado, obligando a la parada de Courtois. Pero desde entonces le cayó la bronca del respetable.
El partido se cerró poco después por obra y gracia de Arda, que recibió una pelota en derecha, se giró ante Pepelu y, sin mirar, puso la bola perfecta para la entrada de Mbappé. Resolvió con clase el francés. No merecía menos la acción del turco, una genialidad. Un minuto después interceptó Gayà a Mbappé en su escapada y se llevó la roja directa. Menos malintencionada esa acción que la del primer acto. Total, que el Madrid dejó sello de equipo hecho en su despedida de Mestalla, que aún no ha visto ganar a su equipo este año. De no ser por Dimitrievski, la goleada habría sido más dolorosa. Tuvo poca opción ante un adversario cada días más cuajado.





