Lo que vivimos ayer en Dallas es historia del fútbol. Pocas veces un equipo empequeñeció a otro hasta disolverlo, hasta hacerlo desaparecer.
La selección se clasificó de forma memorable para la final. De forma antológica. Francia llegaba como un gigante y se encontró enfrente con un rival diez tallas mayor.
Primer cuarto: España pone sus cartas boca arriba desde el inicio. Control total del balón, jugando.





