No es que el partido se hubiera hecho bola para el Atlético, porque en realidad fue bola desde el arranque, el caso es que superada ampliamente la hora de juego nadie metía cuchara en el entramado de un Málaga dispuesto a convertir en fiesta su retorno a la máxima categoría. Fue ahí cuando la agarró Kang-in, de refresco en ese segundo acto, para centrar su posición en lo que se deshacía de rivales amagando y sacar al final una comba sensacional que rompió por fin el equilibrio. El Metropolitano ha encontrado en el coreano al nuevo héroe, más allá de que Baena aprovechara después sus primeros minutos del verano para colocar una falta deliciosa en la escuadra.
Conviene recordar que el encuentro se jugaba este miércoles porque, perdiendo un tiempo precioso para la reincorporación de sus mundialistas, por ahí le había dado al Atlético, mucho más pendiente de los millones que dejan los conciertos que de su planificación deportiva. Se había propuesto desde la Liga la semana que viene, pero, más allá de que le viniera mejor o peor a Simeone, para entonces el Metropolitano ya será un sindiós al servicio del ínclito The Weeknd, que por otra parte obligará a la reparación del césped que motiva tercera, cuarta y quinta jornadas a domicilio. Todo menos fútbol.
Puestas tales cartas sobre la mesa, y con un Málaga notable enfrente, El Cholo trufó la alineación de futbolistas que se desempeñaban el pasado curso en el filial, de uno incluso que estaba en el juvenil y de algún cedido al que no se había dado bola. Aquello se antojaba irreconocible respecto a lo que está por venir, apenas tres presumibles titulares (cuatro si se incluye al eterno Koke), como si los puntos de agosto no valieran lo mismo que los de abril. Pero valen, y tanto que valen. Se comprobaría despues...
Así que, si al descanso el partido circulaba tal y como había comenzado, casi se antojaba buena noticia para un equipo, el local, que atendía a la posibilidad, confirmada con el tiempo, de que el banquillo mejorara aquello y que agradecía seguir jugando con once después de que el del silbato no anduviera tan valiente con Jorge Domínguez para la segunda tarjeta como había andado para la primera. Con cada rojiblanco haciendo la guerra por su cuenta, con Lookman fuera de cacho como '9', la tropa de Funes se manejaba con solvencia, procurándose si acaso algún problema en el loable empeño por sacar la pelota jugada.
Pero el primer intento fue de Larrubia. Pero Joaquín tuvo otra después de la pausa de hidratación. Pero Oblak sacó los guantes hasta dos veces en jugada posterior que en todo caso había merecido bandera levantada. Y en el otro área, apenas un taconazo de Arnau que estuvo a punto de habilitar a Mendoza y un disparo posterior del propio murciano. Muy poco que llevarse a la boca para dar la razón a cualquiera que considerara el partido mucho más equilibrado desde las alineaciones que desde la jerarquía supuesta a cada equipo.
Llorente apareció en la reanudación, efectivamente, y no tardaron mucho en hacerlo Baena, Giuliano o Kang-in, de hecho ese triple cambio se produjo justo cuando Mendoza acababa de topar con Herrero en la más clara hasta entonces. Las sustituciones provocaron que el partido se orientara poco a poco hacia la portería visitante, entre otras cosas porque, honrando el 7 que luce, liberado por Griezmann, el coreano apuntaba hacia ahí en cuanto podía. Y, en una de éstas, desatascó la cuestión. Lookman se encontró con el de las manoplas y Hancko con el larguero, por lo que la sentencia se hizo rogar, pero Baena dio por solucionado lo que había llegado a ser un problema considerable.





