Si un 0-0 te dice "Yo no soy como los demás", desconfía. Te dirá que ha sido un partido sin muchas faltas ni interrupciones, con ocasiones claras, paradones y bastantes disparos a puerta. Pero al final un 0-0 siempre es un 0-0, un ente de 90 minutos engendrado para robarnos lo único que nos hace sentarnos a ver un partido: el gol.
El estado del césped de El Sadar dejaba bastante que desear, pero eso a Osasuna tampoco es que le moleste mucho. Es como decir en un piso de estudiantes que se ha acabado el cristasol. Si tampoco lo van a usar. Un minuto tardó el equipo de Ramis en recordar que es como un vencejo: vive, come y duerme por los aires. Catena cabeceó picado un córner y Ryan tuvo que hacer la primera de sus muchas paradas.
Osasuna lo intentó más en el primer tiempo, con Rubén García rozando la escuadra en un chut de falta directa, pero el Levante tuvo la más clara. Bardelli puso un balón al área a una altura a la que Brugué sólo pudo inventarse una volea con la rodilla que se estrelló en el larguero de Sergio Herrera. Para cerrar el primer acto, otro paradón de Ryan a un intento de picadita a la escuadra larga de Moncayola.
En el descanso se regó el césped y Budimir lo agradeció a su manera, pidiendo un balón aéreo para soltar un cabezazo cruzado al que Ryan voló otra vez con la manopla bien abierta. Viendo que por arriba no conseguía batirle, Budimir lo intentó por abajo. Recogió un balón suelto en el área, regateó al portero australiano... y se estrelló en el palo y en Mandi.
Ramis y Luís Castro movieron piezas, pero el marcador ni se inmutó. El balón dejó de acercarse a las porterías y el partido empezó a parecerse a una de esas pelis lentas en las que, cuando acaban, te levantas de la butaca y dices en voz bajita: "Bueno, pues a casa".





