El 11 de mayo de 2003, miles de aficionados británicos lloraban la demolición de las famosas Torres Gemelas del estadio de Wembley. Para el mundo del fútbol, caía el templo sagrado donde la Inglaterra de Bobby Charlton había levantado la Copa del Mundo en 1966, el único gran trofeo que aparece en el palmarés de los inventores del fútbol.
Sin embargo, casi nadie entre la multitud recordaba la verdadera razón por la que esas dos imponentes moles de hormigón estaban allí.
Aquel estadio no nació para el fútbol. Nació para rescatar la narrativa de un imperio que se desmoronaba y se veía amenazado por los aires de independencia que corrían cada día con más fuera en sus lejanas posesiones asiáticas.
Para entender el origen de Wembley hay que viajar a la década de 1920. Gran Bretaña acababa de salir victoriosa —pero exhausta por en enorme desgaste en vidas y en libras— de la Primera Guerra Mundial.
Las colonias empezaban a rebelarse: Irlanda acababa de independizarse y en la India un hombre llamado Mahatma Gandhi lideraba un movimiento masivo de no cooperación con la metrópoli que se iba a convertir en un llamada mundial a la rebelión.
En ese clima de ansiedad geopolítica, las élites británicas decidieron construir el Empire Stadium como pieza central de la Exposición del Imperio Británico de 1924. Inaugurada el 23 de abril de 1923, la idea era mostrar al mundo el poderoso músculo de un imperio que llevaba décadas siendo el mayor centro del poder el mundo.
La idea era clara: crear un parque temático gigante para impresionar a la clase trabajadora local y recordar al mundo quién mandaba. Y para eso hacía falta un recinto nunca visto.
Las famosas Torres Gemelas fueron diseñadas en un estilo pseudomogol. No era una elección estética casual: era una apropiación cultural explícita para celebrar el dominio británico sobre la India, la joya de la corona.
Con el paso de los decenios, el Imperio Británico terminó de colapsar, por perder territorios uno detrás de otro. Un proceso lento y largo en el tiempo que vivió su último episodio de entrega en 1997: Hong-Kong. Aún quedan hoy 14 territorios de ultramar en posesión de la corona británica, una decena de ellos en la lista de la ONU de territorios sin descolonizar.
Pero el estadio sobrevivió reconvertido en la Cuna del Fútbol. A través de las finales de la FA Cup y, sobre todo, del Mundial de 1966, el recinto sufrió un profundo proceso de lavado de cara histórico. Las capas de épica deportiva sepultaron el origen del edificio. El público ya no veía en las torres un símbolo de la dominación imperial sobre las posesiones en el hemisferio sur; veía el lugar donde se había inventado el deporte moderno.
La nostalgia futbolística operó como un borrador perfecto de la memoria colectiva. El paso de las finales de Copa y de partidos de la selección inglesa sepultaron los recuerdos de sus orígenes.
Cuando el arquitecto Norman Foster diseñó el nuevo Wembley con su vanguardista arco de acero, las viejas torres fueron finalmente demolidas. Pero el destino final de sus restos roza la ironía.
Los escombros del viejo estadio no se tiraron al mar; se trasladaron a unos kilómetros de allí, a Northala Fields, donde se utilizaron para levantar cuatro colinas artificiales en un parque público.
Hoy, miles de personas pasean por esas colinas sin saber que están caminando sobre los restos físicos del antiguo Empire Stadium. El Imperio Británico no solo se disolvió en los libros de historia: sus símbolos quedaron literalmente enterrados bajo el césped de un parque de las afueras de Londres.
La selección española regresa al templo del fútbol inglés ocho años después de su última visita a Inglaterra. En el nuevo Wembley, en septiembre de 2018, se estrenó Luis Enrique como seleccionador español. Lo hizo con una victoria: 1-2, con goles de Saúl y Rodrigo.
La de este viernes será la décima cita ante los ingleses en Wembley. En ese camino aparecen dos victorias: la citada de 2018 y la del 25 de marzo de 1981. Ese día, la selección ganó 1-2 mientras que a la misma hora la policía liberaba a Quini, secuestrado desde el 1 de marzo.
La primera vez que la selección española pisó la catedral del fútbol inglés fue el 30 de noviembre de 1955. Y lo hizo para caer con estrépito 4-1. La prensa española se conformaba que esta vez habían caído cuatro goles menos en contra que en la primera visita a Londres: el 7-1 de 1931 en Highbury.
En la lista de partidos de España en Wembley aparece otro, el más reciente. En julio de 2021 perdió, en los penaltis, la semifinal de la Eurocopa contra la Italia que fue la campeona.




