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Fútbol

Valverde repite en Atenas la de Roma

miércoles 4 de noviembre de 2026

Hay que reconocer a Mourinho que uno no se aburre en los partidos de su equipo. El Real Madrid volvió a las andadas en Atenas, rozando el drama durante una hora ante un rival asequible. Como en Roma, se excedió con las confianzas, infravaloró al AEK y estuvo a un paso de no ganar por primera vez en esta Champions. Pero ha recuperado esa autoestima que le hace pensar que no hay partido imposible. Regresó de un 2-1 en el 75' y volvió a ganar en los minutos extra, los más madridistas, con un zapatazo de Valverde extraordinario. 12 de 12. Impecable en la estadística.

Pero los números no lo explican todo. Sin Güler falta talento. Y, sobre todo, no acertó Mourinho en su intento por rehabilitar a Vinicius, irreconocible. Ni le sale ni lo intenta. Tantas veces acudió el Madrid al brasileño para rescatar partidos que ha tenido que buscar nuevas rutas de escape. El carácter de Cucurella, el talento de Bellingham y el zapatazo final de Valverde sostuvieron el pleno en la Champions.

Recayó el Madrid en sus viejos vicios ya de salida. A ritmo bajo, sin aplicación defensiva, dio por supuesto que el AEK tenía poco que rascar y calibró mal. Porque el equipo griego salió intenso, mucho más que el blanco, y se puso en ventaja pronto. Avisó Jovic tras un centro atrás del croata Majer, un tipo con clase, y sacó con el pie izquierdo Courtois. A la segunda pivotó el ex madridista, abrió a Koita y el africano, tras recortar hacia dentro, soltó un latigazo de zurda que sorprendió a Courtois y a Cucu.

Aquello recordaba a lo de Roma donde, curiosamente, también se alineó la BMV más Diomande. Equipo partido. Si metes en la ecuación una actitud equivocada, la derrota es lógica. Tardó un rato en espabilar el Madrid, y lo hizo desde el carácter de Cucurella. Decidió que le habían hecho una y no le harían más. A pesar de no contar con la ayuda de Vinicius, echó el candado con ayuda de los pivotes.

Mourinho lanzó un salvavidas en la alineación a Vini, que volvió como capitán, pero no deja atrás la melancolía. Intentó dos regates y Rota le sujetó sin aparente esfuerzo. El entrenador portugués también abrió la puerta a Militao, tras su larguísima lesión, y al Madrid le costó defender con eficacia. Camavinga, escolta de Bernardo para la ocasión, ayudó en el área en la mejor jugada griega que armaron Gacinovic, Majer y Jovic. Quebró al francés y Luka remató duro, pero Courtois evitó el 0-2.

El empuje de Cucu contagió al bloque. El primero, Bellingham, que detectó como nadie los espacios que empezaba a conceder el cuadro griego. Le anularon un tanto al desviar un remate de Vini a la salida de un córner. Estaba en fuera de juego. Cuatro minutos después, en el 32, dobló por banda Cucurella, sirvió el centro tenso para un llegador y Bellingham metió el tacón para establecer el empate. Tanto tiempo emulando a Zidane y firma un gol a lo Di Stéfano.

Apretó el Madrid antes del descanso. Tanto que pidió el público que Mariani pitase la pausa. Tenían razón. Porque de vuelta de vestuarios, el ritmo cayó de nuevo, con el AEK replegadísimo y el Madrid moviendo la bola con lentitud. Para despejar el atasco acudió Mbappé, que rompió por el costado derecho y sirvió el centro atrás. Cucurella, solo, remató duro y sacó bajo palos Rota, un lateral completísimo. Poco después, Kylian se retrasó a la frontal y buscó la escuadra. Fuera por poco.

El AEK movió el banquillo pronto, más por cansancio de sus mejores piezas que por otros motivos. Mourinho tiró de Excel para sus primeras sustituciones. Aunque a Vini no le salía nada, quitó a Diomande. Y a Bernardo, para blindar el doble pivote. El AEK se fue arriba ante la pérdida de fútbol del Madrid, al que le costó replegar. Y, claro, recibió castigo. Perdió el Madrid en el flanco izquierdo, se quedó tieso Vini, insistió Koita por el lado opuesto y sirvió al área para la entrada del lateral Pilios, que resolvió por bajo. Un drama.

No se puede negar que el Madrid reaccionó pronto, de nuevo con Bellingham como factor decisivo. Sirvió al hueco para Dumfries y el pase del neerlandés lo embocó Mbappé, insistente. Quemó las naves Mourinho, que recurrió a la carta de Espí. Antes había tirado de Endrick para la derecha, y sirvió un pase de gol a Kylian. Desvió Brignoli sobre el larguero. Y en al prolongación, como tantas otras veces, el Madrid tumbó al adversario con un remate extraordinario, desde lejos, imposible de atajar como parece ahora el Madrid. Ha recuperado la costumbre de ganar, aunque juegue mal.

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