El camino hacia la final no pasa por un estadio, sino por una montaña. España tendrá que escalar diez puertos para eliminar a la Francia más poderosa de los últimos años, una selección que llega al duelo como la máxima goleadora del Mundial, invicta y con un arsenal ofensivo que asusta a cualquiera. Cada etapa esconde una trampa diferente. Algunas invitan a atacar, mientras que otras exigen sobrevivir.
La selección francesa se siente cómoda sin balón, pero no disfruta persiguiéndolo durante largos periodos. España, por su parte, buscará monopolizar la posesión y obligar al equipo de Deschamps a correr detrás de la pelota. Pedri, Olmo, Rodri, Fabián y compañía tienen la misión de convertir el centro del campo en territorio español y evitar que el encuentro se rompa.
Francia es la selección más peligrosa del Mundial cuando roba y sale al espacio. Mbappé, Dembélé, Olise o Doué apenas necesitan tres pases para recorrer medio campo y plantarse delante del portero. España deberá asumir riesgos con el balón para conseguir profundidad y encontrar el hueco, pero minimizar los errores será casi tan importante como atacar.
La defensa francesa, formada por Saliba y Upamecano, es una de las más potentes del torneo. Romper esa primera barrera será una de las claves del partido. Además, Michael Olise es el inventor del equipo, capaz de aparecer por dentro, desplazarse a las bandas y encontrar el pase que rompe la defensa rival.
La atención siempre se la lleva Mbappé, pero Ousmane Dembélé está firmando un campeonato extraordinario. Cinco goles, varias asistencias y una influencia enorme en cada ataque francés. El vigente Balón de Oro aparece donde menos se le espera, rompe cualquier estructura defensiva con un cambio de ritmo y ha recuperado la regularidad que durante años se le reclamó con Les Bleus.





