Paco Gallardo puso prácticamente toda la carne en el asador, con un once cuajado de campeones de Europa Sub-19 este pasado verano. La apuesta por sus hombres de confianza dejó claro que, pese al carácter amistoso, la Rojita salió a refrendar su condición de referencia continental.
El primer aviso español llegó pronto, en un centro de Fortea que Joselillo Gaitán cabeceó con peligro y obligó a volar a Olivera. Un anticipo de lo que se cocía, porque a la siguiente España ya no perdonó. Thiago Pitarch armó con zurda un disparo desde fuera del área que se coló raso, pegadito a la cepa del palo izquierdo, sin que el meta pudiera hacer nada. Y la celebración tuvo destinatario: el propio Pitarch corrió hacia la banda para fundirse en un sentido abrazo con Paco Gallardo, gesto que retrató la comunión entre el grupo y su técnico.
España, crecida, mereció ampliar la renta. Minutos después, Hugo López perdonó el segundo a pase de Salinas, y poco más tarde protagonizó una galopada que coronó con una delicatessen de tacón para que Joselillo rematara a puerta, aunque el guardameta mexicano tapó bien el disparo. La Rojita jugaba de memoria, con la desenvoltura de quien se sabe superior.
Como manda el guion de los amistosos, Gallardo revolucionó el once al descanso, introduciendo savia nueva en cada línea. No se amilanó España pese a los cambios, aunque su fútbol perdió algo de la mordiente y la llegada que había exhibido en la primera mitad. El partido, más trabado, pedía un golpe de calidad para sentenciarse.
Y ese golpe llegó de la mano de los frescos. Corralejo puso a correr al espacio a Morante, y este, con apenas un par de toques, soltó un latigazo con la zurda imposible para el meta mexicano que cerró definitivamente la contienda. El 2-0 rubricó una noche redonda para una generación que sigue engordando su leyenda y que dedicó el triunfo, allá donde estuviera, a Ceuta.





