Xherdan Shaqiri pertenece a una estirpe de futbolistas que necesitan los grandes torneos para brillar. Su carrera es un viaje de contrastes donde los focos de los mejores clubes del continente lo empequeñecieron, pero se agigantaba con la camiseta de Suiza. Con 125 internacionalidades y 32 goles, Shaqiri se convirtió en un mito en la selección helvética, marcando en seis grandes torneos internacionales consecutivos.
En el fútbol de clubes, el currículum de Shaqiri asusta por los nombres, pero engaña por el peso. Jugó en el Bayern de Múnich, Inter de Milán, Olympique de Lyon y Liverpool, pero nunca logró consolidarse como titular. En cambio, con Suiza, Shaqiri dictaba las leyes del juego, convirtiéndose en el único jugador suizo capaz de marcar en seis grandes torneos internacionales consecutivos.
Shaqiri es un caso de estudio, ya que poseyó la capacidad de transformarse en una versión superior de sí mismo cuando la presión ambiental congelaba al resto. Su relación con la gloria es estrecha y puntual, clavando su bandera en seis competiciones internacionales consecutivas. Ahora, tras su retirada de la selección suiza y su regreso al FC Basilea, Shaqiri sigue siendo un veterano ilustre que agita partidos desde el banquillo.
El viaje de Shaqiri ha terminado, pero su legado permanece. No necesitó conquistar los inviernos de Europa para ganarse un hueco en los libros de historia; le bastó con adueñarse de los veranos del mundo. La gente quería ver el Mundial para disfrutar de Messi, Cristiano o Neymar, pero había unos que tenían a Suiza en su calendario solo por ver con qué podía sorprender el bueno Shaqiri.





