“Mi ilusión sería comprar una casa para mis papás”, la respuesta de Santi Guardia, jugador de River de apenas 12 años y que juega como los ángeles en LaLiga FC Futures de Orlando, dejó a la reportera de Dazn tambaleándose. Las anteriores respuestas de los pequeños jugadores de otros equipos españoles como Real Madrid, Barcelona o Atlético iban más encaminadas a éxitos deportivos: “ganar una Champions”, “jugar en Primera”, “Meter un gol en una final con mi equipo”, y temas más ‘mundanos’. Pero la respuesta del chico argentino de River fue tan potente que aclaró muchas cosas que se vieron sobre los terrenos de juego en este y en otros torneos.
La intensidad con la que pelean los argentinos en estas categorías está por encima de la del resto. Muy por encima. Quizá no sean los mejores táctica o técnicamente, pero a la hora del esfuerzo, del derroche físico y el desgaste, no hay nadie como ellos. Incluso hay ocasiones que superan los límites y en algún torneo les han tenido que llamar al orden. Compiten como fieras y en esa respuesta de Santino está la clave.
Desde muy pequeños, el fútbol es mucho en Argentina. En las calles, pero también en los clubes. Es un diversión, un deporte... pero también una salida en muchas ocasiones a una situación vital más que complicada.
Lo hemos visto miles de veces en jugadores profesionales que han llegado a la albiceleste. Salidos de barrios muy humildes y cuyos primeros sueldos sirvieron para aliviar la situación de sus familias. Cuando lo recuerdan, se echan a llorar por la emoción y el sufrimiento vivido. Quizá no sea el caso de Santino Guardia, pero el mero hecho de que su ilusión fuera “comprar una casa para mis papás”, ya define un fútbol diferente. En la fase de grupos River derrotó 2-0 a Orlando, que en el arranque había ganado con suficiencia a Palmeiras mostrando un equipo muy hecho. Después, batió por 3-1 al equipo brasileño. El oficio de River no se compra, no se puede entrenar y los argentinos vienen con él de serie. Un gusto.





