El mercado ha dado un vuelco en las últimas 12 horas, y la manzana de la discordia lleva un nombre propio: Rodri. Como en el viejo mito, dos gigantes se disputan un mismo premio, y el fruto que parecía destinado al Bernabéu ha cambiado de mano de golpe, porque el Barça ha adelantado al Real Madrid en la carrera por el centrocampista. Y no solo eso. El club blanco está más cerca de desistir de la operación, dando por perdido al que fuera Balón de Oro hace dos años, que de forzar la máquina.
Tras semanas de incertidumbre en las que Madrid y Manchester City no lograron entenderse por el mejor jugador del pasado Mundial, el conjunto azulgrana asomó por la derecha y el futbolista dio el sí a la dirección deportiva culé para integrarse en el proyecto de Flick. La opción blanca, así, quedaría vista para sentencia.
De materializarse, el zarpazo azulgrana dolería doble. El Real Madrid y su afición sentían ya cerca a un jugador capital, de talla mundial, capaz de resolver de un plumazo las carencias que el equipo arrastra en la medular desde hace dos temporadas, que no es otra que la falta de un organizador que ponga orden y cree juego. Que esa pieza pueda acabar vistiéndose de azulgrana, en casa del eterno rival, transforma el episodio en un trago amargo para Chamartín.
Hasta ahora, el mercado madridista apuntaba a la matrícula de honor. El club había reforzado prácticamente todas las posiciones donde acumulaba necesidades, con la reciente llegada de Yan Diomande para apuntalar el extremo derecho. El marfileño se oficializó apenas un par de horas después de conocerse el frenazo por Rodri, y la jornada se cerró con la ansiada renovación de Vinicius hasta 2032. A todo problema suelen asomar alternativas, aunque en este caso se antojan escasas.




