Los penaltis hicieron que las cuatro estrellas teutonas fueran simplemente estrellas fugaces. 'Pinchando' el cielo de Boston con balones aéreos ante el embudo construido por Paraguay por el centro, los germanos claudicaron en dramática definición. Un golazo (Enciso) en sus escasas llegadas puso en ventaja a los sudamericanos y una 'peinadita' (Havertz) que desorienta porteros sirvió para Alemania empatar. Con 3-4 final (1-1), Gill confirmó su protagonismo.
En Paraguay, Cubas cinco pulmones, Galarza, la dinámica y Almirón, la zurda que inventa, fueron los intérpretes de una banda afinada. Armonía en los movimientos del bloque, con variantes en el sistema original y cambios que mantuvieron el espíritu. Mauricio , otro zurdo de cuidado, mostraron que no sólo con garra se logra el éxito.
Wirtz cerrado por Cáceres, Sané por Alonso, quedaba a Alemania atacar por el centro 'minado' por los guaraníes. Imposible. Quedaba la 'azotea', repitiendo con Woltemade, hasta que salió Musiala. Poco concretó. Su duelo con Galarza electrificó el juego. Bombardearon, pero no destruyeron.
Lección magistral de Alfaro en conducción, lectura y decisiones en Paraguay. A su manera, buscó ganar con osadía en los cambios sin alterar el orden de su 1-4-5-1 (luego 1-4-4-2) con Enciso (luego Mauricio) por izquierda-centro. Nagelsmann, pasando a linea de tres atrás con Kimmich de pivote, acumuló centímetros en ataque y casi le resultó. Con Uruguay y Alemania eliminados y sin Italia, quedan solo cinco campeones del pasado. En este Mundial, los alemanes fueron de más a menos. Paraguay, a la inversa. Desde las dudas a la felicidad, hacen historia. La sangre guaraní inundó de resiliencia táctica el campo. Vy'apavẽ (enhorabuena).





