Francisco Javier García Pimienta sigue teniendo pesadillas cada vez que visita el Heliodoro. A las tres derrotas sufridas en el estadio blanquiazul con Las Palmas sumó otra más con un Almería que tardó demasiado en desperezarse y que solo enseñó en la recta final que es uno de los candidatos al ascenso. El Tenerife de Cervera fue más intenso y, acompañado por una afición entregada, se pone colíder de Segunda.
Los isleños fueron claramente superiores al Almería en un primer tiempo en el que la presión alta dio sus frutos. El Tenerife incomodó constantemente la salida de balón de los andaluces que, pese a las continuas pérdidas y a la cantidad de balones que recuperaban los locales en campo rival, insistieron en sacar la pelota jugada desde su propia área.
Juanjo Sánchez y Jesús Álvarez se convirtieron en una tortura para la zaga almeriense, recuperando una y otra vez cerca del área. En una de esas emboscadas, Jesús Álvarez robó y encontró a Nacho Gil, que ganó la línea de fondo y puso un balón preciso al área pequeña. Allí apareció Enric Gallego, que se anticipó a su marcador y cazó el envío con la izquierda para alojarlo en la red y hacer justicia al dominio isleño.
Movió el banquillo García Pimienta tras el descanso con la entrada de Cipenga por la izquierda en lugar de un intrascendente Sola. Mejoraron los andaluces con la movilidad del congoleño y también con Luna por la derecha. De hecho, uno de sus servicios, un pase atrás con mucha clase a Melamed, terminó en un violento disparo que rechazó el poste izquierdo de Dani Martín. Después, Dzodic chutó junto al palo derecho desde el balcón del área en otra jugada con aroma a empate.
Los locales supieron sufrir en la recta final y conservar la exigua ventaja ante un Heliodoro entregado, que celebró por todo lo alto el triunfo número 500 en Segunda.





