En una semana muy triste, en un país en el que el 'disculpen las molestias' ya es tan habitual que parece una sintonía del despertador, en el que molesta más Marcos Llorente que los profesionales del embuste, hay que rescatar a Unai Simón, autor de un discurso prodigioso en la tierra de Churchill y Gordon Banks.
En poco más de dos minutos, sin leer, con ojos de linterna de agradecimiento por ser elegido el mejor d




