José Mourinho ha regresado al Real Madrid para reconducir la nave después de dos años complicados. Será el encargado de devolver la autoridad al banquillo, muy dañada en los últimos años. El Madrid ha recurrido a un viejo conocido para poner las cosas en orden.
El Mourinho de siempre ya está marcando su terreno: exigencia máxima, encima de todos los detalles y trabajo casi sin descanso. Su objetivo es instaurar una disciplina de trabajo que puede que se haya perdido en estos últimos años y volver a blindar al grupo. En su primera etapa, la palabra habría sido imponer, que le costó además roces con casi todas las vacas sagradas de aquella etapa, pero los que le conocen creen que ahora busca más el consenso.
Los jugadores que ya están en Valdebebas ya han comprobado la exigencia de Mou. En cinco días de entrenamiento en la primera semana, tres con doble sesión. Mou alterna el trabajo físico con el táctico, pero como siempre el entrenamiento con balón manda. Sus entrenamientos no son excesivamente largos pero siempre muy intensos.
Mourinho está esperando a contar con todos sus jugadores, pero mientras tanto está tirando todos estos días de la cantera para completar los entrenamientos. Y Mou mira con atención porque le gusta potenciar a los jugadores que considera que pueden ayudar a lo largo de la temporada. El entrenador empieza una nueva etapa y la sensación es que quiere empezar de cero, con la idea de unir y de remar todos en la misma dirección.





