Comentaba Mancini en la previa del partido que "se siente en deuda y quiere recuperar a quienes se sienten traicionados", pero la realidad es que con este primer partido le va a costar convencer a los dudosos. Arrancaba Italia un nuevo ciclo con la ilusión de poder dar con la tecla de manera definitiva, con quién mejor que con el último técnico que les llevó a levantar un título; la Eurocopa 2021, pero nada más lejos de la realidad.
Bélgica empezó el partido teniendo el balón, pareciendo testear por dónde iría esta nueva Italia. Pero enseguida el nuevo proyecto de Mark van Bommel se desmelenó y comenzó a arrollar a los locales en el Olímpico de Roma, apoyado en la figura estelar de Mika Godts.
El extremo izquierdo, ausente en el Mundial, demostró su valía para fichar este pasado verano por el equipo de Luis Enrique, comandando todos los ataques vertiginosos de los belgas. Ayudado por la calamitosa defensa italiana, muy alejada de lo que en algún momento fue, consiguió batir a Donnaruma tras una gran jugada en la que sentó a dos zagueros y derribar el muro transalpino en la segunda clara ocasión, después de ganarle el duelo unos minutos antes a De Ketelaere en un mano a mano.
A raíz del gol, sólo una exhibición bajo palos del portero del Manchester City evitó un bochorno mayor. Bélgica perdonó muchas ocasiones ante Donnaruma, con cuatro paradas en apenas media hora, y se fue al descanso con una renta mínima, con las dudas de si se iba a tener que acordar de no haberlo cerrado para la segunda parte.
A la vuelta de vestuarios, la Selección italiana mostró otra cara muy diferente. Lammens, que fue espectador de lujo en la primera mitad, tuvo que emplearse a fondo a los disparos de Kean y Esposito a bocajarro. Una falta de eficacia en los tiros de ambos delanteros que seguramente expliquen los resultados de los últimos años para la 'Azzurra'.
Sin embargo, y cuando mejor estaban los locales, llegó el martillo por parte de Lukébakio. El exjugador del Sevilla entró de suplente y sólo tardó 10 minutos en silenciar el estadio romanista. Condujo un contraataque por la banda derecha, y recortó hacia dentro para disparar con la zurda al palo largo y hacer imposible la estirada de Donnaruma.
Desde entonces, Italia entró en colapso y apenas volvió a inquietar la meta visitante. Un larguero de Scalvini casi bajo palos fue lo más peligroso en un equipo que demostró tener muchas carencias; también en un centro del campo que se intuye de élite con Tonali y Barella, que recibió una tremenda pitada a su salida del campo.
El nuevo proyecto de van Bommel arranca con buen pie con las nuevas promesas en el frente del ataque. La Italia de Mancini, por su parte, sigue sumida en las dudas tras dejar una imagen muy pobre en su regreso a la competición oficial.





