José Mourinho tiene buena memoria. Y reflejos. Sabía que lo vivido con Vinicius en el campo del Espanyol iba a aparecer en la rueda de prensa posterior al partido. Y que la respuesta que iba a dar sería una llamada a la hemeroteca y a lo que dijo el pasado mes de febrero en la sala de prensa de Da Luz.
Entonces, tras lo ocurrido con Prestiani, Mourinho se preguntó por qué Vinicius no se limitó a celebrar el golazo que marcó y qué provocaba que los problemas se repitieran en tantos estadios con el mismo protagonista. "Sé que vais a sacar mis palabras de cuando Vini era mi rival. Ahora es mío. Y sufre bullying por parte de los equipos rivales y de las aficiones", denunció el entrenador del Madrid, llevando el asunto un paso más allá al utilizar una palabra de enorme impacto social.
No es una denuncia nueva. Carlo Ancelotti ya fue muy duro después de lo ocurrido en Mestalla en la primavera de 2023. "Es la víctima", señaló el técnico italiano. Mourinho va un paso más allá al emplear una palabra muy delicada, situada hoy en primera línea de las preocupaciones pedagógicas y sociales en España.
Mourinho sostiene que es un problema evidente. Que tuvo que hablar con el brasileño para que se calmara y para evitar que, en caso de marcar, se dejara llevar por la euforia y celebrara el gol de una manera que le perjudicara, como ocurrió en Lisboa, cuando una celebración excesiva acabó en tarjeta amarilla y derivó en su expulsión. "Es premeditado por parte de los rivales. Le pegan desde la primera jugada. Y cuando uno es amonestado, va otro. Es duro", denunció el técnico portugués. De fondo, la patada sin balón de Cala con el brasileño en el suelo, desecadenante de todo lo que se generó después
Esa acusación fue rechazada de manera tajante por Manolo González, entrenador del Espanyol. "Si no le podemos tocar, esto es fútbol. No he visto ninguna entrada exagerada. Hoy en día no hay acciones que supongan un peligro grave para el jugador. Las faltas que ha recibido son normales y nadie ha ido a buscarle. Son lances del juego, como ha pasado con otros jugadores", afirmó el técnico blanquiazul, al tiempo que recordó la dureza con la que se jugaba en la época de Maradona.
Lo que es una realidad incuestionable es que la figura de Vinicius se ha convertido en objeto de odio en casi todos los campos de España. Lo que fue racismo claro en algunos casos, con sentencias judiciales firmes, se ha convertido en un rechazo radical al 7 del Madrid allá por donde pasa. Cuesta mucho encontrar un estadio español en el que Vinicius no sea recibido de mala manera y en los que no haya tenido entrentamientos con la grada. De Norte a Sur, de Este a Oeste.
Mourinho, como antes Ancelotti, sabe que se trata de un asunto que puede pasar factura al equipo. Así se vio en Cornellà, donde el partido cambió radicalmente a partir del momento en que Vinicius se encaró con un sector de la grada del Espanyol, un episodio que no constituye una excepción, sino que encuentra numerosos precedentes a lo largo de su trayectoria.
El Real Madrid hace tiempo que dejó clara su postura: si se producen actos racistas contra cualquiera de sus jugadores, una cuestión especialmente vinculada a lo que ha sufrido Vinicius en diferentes ocasiones, el equipo abandonará el terreno de juego. Lo afirmó su presidente y lo han reiterado futbolistas como Tchouaméni. Sin embargo, el escenario actual es distinto. Ya no se trata de episodios de racismo, sino de un rechazo deportivo y social al jugador que tiene en el ya célebre cántico del "balón de playa" sus canción estelar.
Contra eso, el Real Madrid poco puede hacer más allá de intentar que su jugador haga oídos sordos y se centre exclusivamente en jugar. Ahí, en cambio, el club blanco sí considera que está en manos de los árbitros evitar muchas de las situaciones que terminan sacando de quicio a Vinicius. Mientras los rivales, como hizo el Espanyol tras el partido, acusan al brasileño de exagerar o dejarse caer con facilidad, en el Madrid mantienen la convicción de que recibe más golpes que ningún otro futbolista de LaLiga y de que el criterio disciplinario no se corresponde con lo que realmente sucede sobre el terreno de juego.
Un partido del Madrid en La Liga ha bastado para comprobar que la relación de los estadios rivales con Vinicius volverá a ser dura. Mourinho defiende a su jugador a la vez que le llama a la calma. A sus 26 años, el brasileño ya es una voz de mando en el equipo. El segundo capitán. El manejo de situaciones como las del RCDE Stadium entra en su debe de mejora. Un escenario complejo en el que el concepto acoso a la víctima ha sido puesto sobre la mesa.




