Kylian Mbappé dejó de parecer Kylian Mbappé en el peor momento posible. El futbolista que había gobernado el Mundial de principio a fin, el líder de Francia y el gran candidato a marcharse como la gran estrella del torneo, desapareció frente a España.
La semifinal acabó convirtiéndose en la noche en la que el atacante francés perdió toda su influencia y dijo adiós a la Copa del Mundo. Hasta ese momento, el Mundial había sido suyo. Lideraba la carrera por la Bota de Oro y acumulaba ya 20 tantos en 20 encuentros mundialistas, unas cifras reservadas para los grandes nombres de la historia.
Los números explican mejor que cualquier adjetivo lo que ocurrió. Mbappé completó los 90 minutos con apenas 34 toques, solo siete dentro del área rival y un 75% de acierto en el pase, pero su producción ofensiva fue prácticamente inexistente. Completó únicamente un regate de seis intentos (17%), ganó dos de los once duelos que disputó (18%), no creó ninguna ocasión de gol, terminó con tres pérdidas, cayó tres veces en fuera de juego y no consiguió dirigir ninguno de sus tres disparos entre los tres palos.
Su producción quedó reducida a 0,08 goles esperados (xG) y 0,02 asistencias esperadas (xA). No fue simplemente un partido sin gol. Fue la primera vez en todo el Mundial que Mbappé fue borrado por completo del mapa futbolístico. Su Mundial seguirá siendo extraordinario... pero nadie se acordará de eso. Las Copas del Mundo también se recuerdan por su última imagen. Y la de Mbappé será la de un futbolista completamente abatido en el césped.




