Resulta sorprendente cómo un equipo entrenado por Luis Miguel Ramis ha encajado 18 goles en sus primeras ocho jornadas de Liga. La idea del entrenador, siempre basada en la solidez defensiva y, a partir de ahí, todo lo demás, se ha desvanecido completamente tras ver la dura realidad.Osasuna defiende mal, un hecho tan objetivo como repleto de argumentos para comprender el porqué. Hoy, por ejemplo, ha quedado señalado un jugador como Unai santos, sustituido al descanso después de cometer el penalti que significó el 1-0 y errar en la salida del balón justo antes del 2-0. Sin embargo, los contextos son claves, y se entiende mejor cuando se comprende que el que se ha equivocado es un jugador con tres partidos en Primera División y habituado a ser centrocampista o, incluso, lateral izquierdo a lo largo de su carrera. También se puede hablar de la falta de profundidad, de un Osasuna poco incisivo. Ahora bien, mirar la lista de convocados y no encontrar a los lesionados Romain del Castillo, Kike Barja y Raúl Moro explica bien la inexistencia de extremos en el once.En definitiva, la imagen de Ramis y Osasuna queda tocada una vez más tras caer ante el Betis, porque ni es el primer 5-2 que recibe este año, ni da la sensación de que el juego sustente cualquier tipo de resultado. Todavía, pese a ello, y a las lesiones de hasta ocho jugadores en este arranque, el equipo comenzará la siguiente jornada fuera de los puestos de descenso.
Los “manotazos” condenan a Osasuna





