No podía existir mejor marco que la mística que envuelve a Anfield para iniciar el camino del Atlético hacia su ansiada Champions. No se trata de una más. Lo dicen las cábalas que Simeone nunca ha dejado de lado y lo ratifica su recorrido por la competición desde que el argentino llegara al banquillo. Ya son 14 (como el dorsal con el que El Cholo empezó a forjar su leyenda en el club vestido de corto) ediciones consecutivas insistiendo y la gloria se toca en esta ocasión en el Metropolitano, donde los rojiblancos han levantado un fortín que atendiendo a Europa tan solo ha sufrido una derrota (sin consecuencias) en una eliminatoria. Señales del destino.
La primera vez de Simeone acabó con la dolorosa cicatriz de la final de Lisboa, aquella en la que a su capitán, garante como ninguno del carácter que le habia imprimido a su 14, le faltaron unos segundos para levantar el trofeo al cielo. Un Gabi ahora recuperado como integrante del cuerpo técnico para devolver aquella esencia del Cholismo con la que empezó a gestarse el mejor Atlético de la historia. La última, la 13°, concluyó en una semifinal que confirmó el número de la mala suerte, pues ni el Atlético fue inferior al Arsenal en el cómputo global, ni le acompañaron las decisiones arbitrales ni el balón quiso entrar cuando más méritos contrajeron los rojiblancos para ganar.
Entre medias, con Real Madrid, Barcelona, Bayern, Manchester City y PSG como únicos clubes que siempre han entrado en el bombo en las 14 ocasiones que han convertido al Atlético en un fijo de la Champions, aún figura otra final perdida cruelmente en los penaltis, una semifinal o cuatro presencias en los cuartos que constatan el pequeño paso que separa a los rojiblancos de alcanzar la gloria.
De hecho, si las 65 victorias y 30 empates en 131 partidos ya evidencian la competitividad del Atlético en la Champions, el factor Metropolitano se antoja como un empujón a la trayectoria que viene situando a los rojiblancos entre los mejores de Europa. Herencia de un Calderón al que El Cholo despidió con 18 victorias, cuatro empates y la única derrota ante el Benfica en la fase de grupos de la campaña 15-16 que continúa en el nuevo hogar rojiblanco. No en vano, con 24 triunfos, nueve igualadas y sólo cuatro tropiezos, no existe mejor escenario para afrontar el todo o nada que vale la Orejona.
Se avista el 5 de junio en el Metropolitano, pero aunque pueda estar escrito en el destino, no hay otro modo de llegar que no sea por la senda del partido a partido. Empezando por Anfield, donde el 14 que ahora honra Llorente, ya fue protagonista en 2020 para tumbar a un Liverpool que entonces defendía corona (anteriormente ya le había sucedido al Bayern y a un Barcelona al que la temporada pasada los rojiblancos volverian a dejar en el camino) y que ahora trata de recuperar su posición a golpe de talonario, personificado en el último fichaje de Barcola por 125 millones. Así se manejan los gigantes de Europa. Sin embargo, lo que nadie puede igualar es la determinación de un Atlético convencido de que, este año sí, algo le dice que su fe, y su insistencia, esconden la gloria en su propia casa.




