El Leganés ha necesitado apenas un verano para cambiar por completo su escenario. De jugarse la permanencia hasta el último suspiro ante el Mirandés a afrontar una nueva temporada con una plantilla profundamente renovada, nuevo entrenador y una ilusión que parecía perdida hace apenas unos meses.
El punto de inflexión llegó con 885 Capital, que pasó a controlar el club y abrió una nueva etapa encabezada por Eduardo Cosín. También se reforzó la confianza y el margen de actuación de la dirección deportiva liderada por Andrés Pardo, que ha protagonizado uno de los mercados más intensos de los últimos años en Butarque.
El Leganés ha incorporado a Gøthler, Atienza, Buurmeester, Raúl Fernández, Kechta, Tejero, Gharbi, Soko, Luca Zidane, Unax del Cura, Sancris, Morata y Javi Montero, además de los regresos de Javi Hernández y Pauwels, que posteriormente volvieron a salir.Una renovación coronada por Álvaro Morata, un fichaje impensable hace sólo unos meses y que refleja la ambición del nuevo proyecto.
La reconstrucción también ha supuesto numerosas bajas: Jorge Sáenz, Cissé, Miguel San Román, Óscar Plano, Asué, Duk, Diego García, Juan Cruz, Figueredo, Guirao, Juan Soriano, Miguel de la Fuente, Gueye, Javi Hernández, Pauwels, Gøthler, Roberto López y Gonzalo Melero, entre otros movimientos derivados de cesiones y regresos.
Y junto al cambio de plantilla aparece Rubén Albés, que empieza a dotar al equipo de personalidad e identidad propias. El mercado no garantiza resultados, pero el Leganés sí ha dado el paso que podía dar: ha cambiado, ha invertido y ha sido ambicioso. Siempre parece faltar una pieza más y quedaron dos fichas libres, pero la transformación es evidente. Hace apenas tres meses el Leganés miraba al abismo; hoy vuelve a tener argumentos, ambición e ilusión para mirar hacia arriba.





