Son muchos los ojos que apuntan a la defensa del Real Madrid como el lugar que más reconstrucción necesitaba. Y no les faltaba razón, porque el club ha invertido este verano más de 70 millones en tres futbolistas —Cucurella, Konaté y Dumfries—, y eso teniendo en cuenta que uno de ellos llegó libre. No fue solo cuestión de relevos. En las dos últimas temporadas, la zaga había sido el talón de Aquiles por el que los rivales hacían sangre.
Por todo ello crecía la expectación en torno a los debuts de Konaté y Cucurella ante el Schalke en Gelsenkirchen. Mou se atrevió con el francés de inicio, quizá consciente de que necesitaba más rodaje de cara al arranque liguero, pues varios de los recién llegados —el propio Cucurella, Bellingham o Diomande— no fueron de la partida. El escaparate alemán servía para tomar las primeras medidas a la nueva retaguardia.
Cábalas aparte, Konaté dejó claro que no viene a ejercer de jugador de rotación ni de segunda espada. Tras una temporada lejos de la brillantez en el Liverpool, aterriza para competir por un puesto y ofrecer las garantías que al Madrid le han faltado últimamente. Que lo logre o no lo dirá el tiempo, pero sus condiciones lo convierten en una pieza diferencial gracias a su evidente fortaleza física.
A su lado, un central que lo complementa a la perfección porque es, en esencia, todo lo que Konaté no es. Huijsen resulta más aseado con el balón, más atrevido en la salida y menos dotado en lo puramente físico, un contrapunto que dibuja una pareja equilibrada. Y con un aliciente personal añadido. El malagueño ha heredado el 4 de su ídolo Sergio Ramos y lo está estrenando a gran nivel. Dejó una actuación sobresaliente en el Teresa Herrera, con portería a cero, y repitió días después en Gelsenkirchen, esta vez con gol de cabeza incluido.
El propio Huijsen explicó tras el encuentro la filosofía que Mourinho reclama a su zaga. "Que sea sólido, intentar tener la portería a cero", reveló sobre lo que le pide el técnico, antes de extenderlo al conjunto del equipo: "Al grupo le pide que estemos juntos y que seamos solidarios". Una idea que el central conecta con la exigencia física de estas semanas. "Estamos trabajando mucho, entrenando fuerte y corriendo mucho. Nos exige muchísimo, y eso es importante para el equipo".
Hay motivos para creer en él, porque potencial le sobra, aunque la pasada temporada la presión terminó pasándole factura. Y si estos dos parecen tomar la delantera, hay otros que quedan por detrás. Es el caso de Rüdiger, que ha tenido oportunidades en la pretemporada sin llegar a su mejor nivel, lo que le inicia con un paso atrás pese a ser un jerarca que ha sacado las castañas del fuego en innumerables ocasiones. De su liderazgo, desde luego, nunca conviene dudar.
Y luego están los ausentes. Militao encara el tramo final de una recuperación densa que puede suponer un punto de inflexión en su carrera, mientras Asencio parte como quinto central de la nómina. Pero la historia reciente enseña que las bajas, en cualquier momento del curso, pueden catapultarte del quinto al segundo puesto en un santiamén. Por eso, aunque Mou empiece a intuir a sus mariscales, en la zaga del Madrid nadie sobra y nada está escrito.




