La FIFA confirmó este lunes la salida de Kevin Lamour, hasta ahora director de operaciones del organismo, apenas dos semanas después de que criticara públicamente a Gianni Infantino por la fallida FIFA Forward Enterprise (FFE), el proyecto que pretendía abrir a la inversión privada una participación en las principales competiciones de la organización.
"La FIFA confirma que la relación laboral entre la FIFA y Kevin Lamour finalizó el 17 de agosto de 2026. La FIFA agradece a Kevin sus dos años de servicio y le desea la mejor de las suertes en el futuro. No se harán más comentarios al respecto.", señaló el organismo a The Athetic.
La salida de Lamour se produce después de unas declaraciones a la agencia AP el pasado 31 de julio. El ejecutivo aseguró que Infantino había "engañado" al personal de la FIFA respecto a la FFE, una iniciativa que contemplaba la entrada de capital privado en los derechos comerciales de torneos como el Mundial.
"Es el proyecto de una sola persona", afirmó entonces Lamour, que también pidió a los dirigentes del fútbol mundial que se hicieran "las preguntas correctas" sobre el liderazgo de la FIFA. Consciente de las consecuencias de sus palabras, llegó incluso a admitir que estaba dispuesto a perder su puesto por expresar públicamente su opinión.
Lamour ocupaba el cargo de director de operaciones desde noviembre de 2024, aunque su relación con Infantino venía de mucho antes. Ambos coincidieron en la UEFA, donde el ejecutivo francés desarrolló gran parte de su carrera hasta convertirse en vicesecretario general.
Su marcha se suma a la de Carlos Cordeiro, uno de los principales asesores de Infantino, que dimitió el pasado mes de julio por su oposición al mismo proyecto.
La FFE planteaba crear una nueva entidad encargada de gestionar los principales eventos de la FIFA, incluyendo las Copas del Mundo y los Mundiales de Clubes. El plan contemplaba vender un 20% de esa sociedad a un grupo inversor liderado por Thrive Eternal por 4.200 millones de dólares. Sin embargo, la propuesta provocó una fuerte reacción dentro del fútbol internacional y terminó siendo retirada.
La crisis escaló hasta el punto de que la UEFA, la Concacaf y la Confederación Asiática de Fútbol reclamaron cambios profundos en la gestión de la FIFA. El organismo europeo fue especialmente duro y llegó a comunicar que había perdido la confianza en Infantino.
Además, amenazó con boicotear futuras competiciones organizadas por la FIFA si no recibía garantías de que iniciativas similares no volverían a plantearse.
La tensión alcanzó uno de sus puntos más altos durante la reunión de crisis celebrada en Marruecos a principios de agosto. Aquel encuentro concluyó con unas disculpas conjuntas de Infantino y del secretario general Mattias Grafstrom. Paradójicamente, Lamour, pese a formar parte del máximo nivel ejecutivo de la FIFA, no fue invitado a participar.





