Es viernes y anochece pronto en Madrid, como en cualquier tarde otoñal. JJ Gabriel (Reino Unido, 2010) acaba de entrenar y camina sin prisa cuando este periódico le entrega la primera portada que protagoniza, la misma que anuncia su flamante fichaje por el Real Madrid. El futbolista, de dieciséis años recién cumplidos, la mira y sonríe. “¿Me la puedo quedar?”, pregunta mientras posa con ella como un niño que se acaba de hacer con su cromo favorito. Es la primera. Su primera. De una carrera que apunta a reunir unas cuantas más.
Lleva días instalado en la ciudad que aspira a convertir en su casa. La recorre y, sobre todo, se entrena a doble sesión. Por la mañana sobre el césped, en solitario y bajo la batuta de un preparador personal; por la tarde en el gimnasio. Lo hace ya desvinculado del día a día del filial del Manchester United, el club al que todavía pertenece a efectos federativos.
La elección no le plantea dudas. Cuando le preguntamos por qué es mejor Madrid que Barcelona, responde con su gesto facial antes que con la boca: “Obviamente, Madrid”. A su lado, su padre, Joe O’Cearuill, exfutbolista y guía deportivo de la joven perla, reafirma entre risas. Padre e hijo atienden a este diario con amabilidad. Pero JJ no solo trae compañía. Sus maletas aterrizaron en Madrid cargadas de metas. “Mi sueño es ganar un Balón de Oro”, nos desliza en su inglés natal antes de marcharse, agradecido por el obsequio, la edición de ayer de este periódico entre manos.
A sus dieciséis años, JJ Gabriel trata ser lo más profesional que puede mientras persigue una meta de adultos. Tras apartarse de la rutina del United en Carrington, se ejercitó primero en Barcelona y ahora lo hace en Madrid, la ciudad en la que su representante, Ali Barat —con él desde hace poco menos de un mes—, trabaja en dos frentes: cerrar los términos del contrato con el Real Madrid y buscar acomodo para el futbolista y su familia.
El primer asunto es el que marca la actualidad. El club blanco quiere incorporarlo a su filial, el Real Madrid Castilla, esa antesala por la que pasaron Vinicius o Valverde camino de la cumbre del primer equipo. No podrá disputar laYouth League (competición en la que debutó anotando un hat-trick) vestido de blanco esta temporada porque su inscripción federativa continúa ligada al United, que lo mantiene en sus registros pese a que el jugador ya no entrene con los Red Devils. Ese es el principal menester que está frenando la oficialidad del movimiento, aun con la mayoría de edad futbolística cumplida hace unas semanas.
El marco normativo y las fechas explican tanta demora. El artículo 19 del Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores prohíbe, con carácter general, los traspasos internacionales de menores de 18 años, pero admite una excepción para los futbolistas de entre 16 y 18 años con nacionalidad comunitaria que se mueven dentro del ámbito europeo.
La propia guía de la FIFA contempla que un jugador con pasaporte de un país de la UE pueda acogerse a esa excepción aunque proceda de una federación ajena a la Unión, de modo que el pasaporteirlandés de JJ Gabriel resulta determinante. A ello se suma el calendario: el mercado de invierno, en enero, será la primera ventana para formalizar su inscripción, por lo que no sería extraño que su anuncio se prolongue, comenta su entorno.
Mientras tanto, el United estudia cómo resarcirse de una marcha que duele en Carrington dada la proyección del futbolista. Si JJ Gabriel terminase fichando por el Real Madrid, equipo extranjero para los británicos, la compensación por formación rondaría las 350.000 libras. Para retenerlo, el United llegó a ofrecerle un palco en el futuro Old Trafford y un contrato de renovación. No fue suficiente para frenar un sueño que está viviendo el prólogo.




