El Girona tiene un tesoro en Izan González. El centrocampista se ha convertido en un fijo en los esquemas de Quique Álvarez, confirmando la gran irrupción y el buen rendimiento que mostró en la segunda vuelta del curso pasado, cuando jugó cedido por el Cornellà en el Granada. Pese a no contar con suficientes minutos en las dos primeras jornadas, el de Blanes enlaza seis encuentros disputando los 90 minutos a un gran nivel. Goleador incluso en el partido ante Las Palmas, Izan ha demostrado ser un box to box, un perro de presa en la presión y también uno de los futbolistas que mueven al equipo de lado a lado para buscar desordenar al rival y encontrar la mejor opción. De hecho, es uno de los que más recuperaciones hace por encuentro. Y es que, entre sus virtudes, está el trabajo sucio, la entrega y la intensidad en cada acción. Ingredientes innegociables en su estilo de juego.
Izan llegó al Girona el pasado verano procedente del Cornellà a cambio de unos 300.000 euros, un acuerdo ya pactado durante la ventana del mercado del invierno pasado. La Dirección Deportiva del club gerundense contaba con el futbolista para su estructura y plantilla de Primera. Con el descenso, el reto del centrocampista es volver a la máxima categoría con su nuevo club, al que iba a ver a Montilivi cuando era pequeño. Después de una etapa formativa llamativa, pasando por el equipo de su barrio en Blanes, el Ca l’Aguidó, el Costa Brava (antiguo Llagostera) y acabando en el Cornellà, que lo cedió a L'Escala, al Europa y al Granada.
La subida de nivel y de competitividad del futbolista le han llevado a ser ahora jefe de máquinas de un aspirante al ascenso a Primera como el Girona y llamar la atención de clubes de mayor categoría. Junto a Fran Beltrán, o al lado de Iván Morante, el centro del campo de los de Quique Álvarez está a salvo.





