El Real Madrid vuelve a pisar el Metropolitano. Es un estadio nuevo para José Mourinho, porque en su primera etapa en Madrid el Atlétivo vivía en el Vicente Calderón. Igual que en la semifinal de Champions de 2014, cuando mandaba en el Chelsea. Y un estadio en el que el equipo blanco ha ganado en dos de sus nueve visitas ligueras y no sale triunfador desde el 1-2 de septiembre de 2022.
Es el regreso al lugar donde la temporada pasada el Madrid incubó el virus que convirtió la campaña en una pesadilla. El 27 de septiembre, el equipo de Xabi Alonso visitaba la guarida rojiblanca. Llegaba en modo amenazante, porque su puesta en escena en LaLiga había sido de seis victorias consecutivas. Mientras, el Atlético solo había ganado dos partidos y se había dejado por el camino nueve de los dieciocho puntos disputados.
El partido comenzó con un gol de Le Normand, pero a la media hora era el Madrid quien mandaba en el marcador. Sin embargo, la tarde se transformó en una pesadilla para el equipo blanco. Julián lideró la reacción de un Atlético que acabó goleando (5-2) y descubrió fisuras en el conjunto de Xabi Alonso que después se convertirían en grietas irreparables
El derbi le pasó factura a Dean Huijsen. El buen arranque que llevaba con la camiseta del Madrid sufrió un bajón inesperado en el Metropolitano. No fue un cortocircuito puntual, porque desde aquel partido y hasta el final de la temporada fue un jugador que poco tenía que ver con el que irrumpió en la selección y provocó que el Madrid se lanzara a por él sin una sola duda.
La goleada del Metropolitano no hizo más que denunciar algo que ya se temía: que el centro del campo del Madrid carecía de la autoridad necesaria para gobernar los partidos. Que la dependencia de Courtois y de Mbappé excedía lo asumible y que la aparición de rivales de primer nivel, al igual que la temporada anterior, supondría una exigencia por encima de las capacidades del equipo.
A las fallas estructurales del equipo, que irían a más con el paso de los meses, se sumó la aparición de mensajes procedentes del vestuario que llevaban a pensar que la química con Xabi Alonso no era la mejor. El derbi fue la última vez que Fede Valverde actuó como lateral derecho. Lo hizo debido a las lesiones de Carvajal y Trent. Xabi recurrió a una fórmula que ya habían explotado Zidane y Ancelotti. Pero el uruguayo alzó la voz.
"No nací para jugar de lateral, no crecí aprendiendo a jugar en esa posición. Fue por una emergencia que me tocó jugar ahí", dijo en la rueda de prensa previa al partido de Almaty, tres días después del derbi. En Kazajistán fue suplente, no disputó ni un minuto y su aparente desgana durante el calentamiento derivó en una respuesta tan clara como significativa de Xabi Alonso cuando fue preguntado por la ausencia del uruguayo en el rondo de los suplentes: "Es algo que nos gusta y creo que es bueno porque hay que estar preparados para cualquier cosa. Para nosotros es importante y quiero que todos participen".
Lo que parecía un roto con posible arreglo se convirtió, apenas un mes después, en un descosido que arruinó el traje. Y sucedió en una victoria, aunque no en una cualquiera: el 2-1 en el Clásico. Aquella tarde, el desplante de Vinicius a Xabi Alonso expuso ante todos el veneno que corría por el organismo blanco. El virus incubado en el Metropolitano ya se había hecho fuerte. Y también profundamente destructivo.
Un año después, el Madrid regresa al Metropolitano. Mourinho reabre su historia con Simeone. Por ahora, tres victorias para él, dos del argentino y un empate. Para el Madrid, el derbi es un momento en el que puede despejar las dudas que ha dejado en el arranque de la temporada. Un partido que puede explicar, como el de la temporada pasada, qué cara va a tener su futuro.




