La selección de Argentina intentó compensar su inferioridad técnica y táctica frente a España con un aporte de agresividad en la final. El partido se desarrolló con dominio y control absoluto de La Roja, mientras que Argentina recurrió a marrullerías, provocaciones y encontronazos violentos para intentar desquiciar a los españoles.
A pesar de la actitud de Argentina, la selección española se impuso en la prórroga, materializando su superioridad aplastante. El planeta entero reconoció que el fútbol hizo justicia y que España se convirtió en el nuevo campeón del mundo con merecimiento.
Sin embargo, Argentina no aceptó deportivamente la derrota y continuó protagonizando un bochornoso espectáculo. Los jugadores y miembros del cuerpo técnico argentinos propiciaron golpes a traición a los jugadores españoles mientras celebraban el título, y todos los jugadores de la albiceleste dieron la espalda a la selección española cuando estos levantaban el trofeo.
Este gesto ha provocado un descrédito de la selección argentina a nivel mundial que será difícil de borrar. La actitud de Argentina ha sido despreciada incluso por multitud de aficionados argentinos, que no se reconocen en ese proceder. El comportamiento de la selección argentina ha sido considerado infame y ha pisoteado los valores deportivos de una manera ruina.





