Ibai Gómez sorprendió el pasado domingo durante el partido contra el Atlético Madrileño cuando en el descanso quitó a Óscar Ureña, uno de los mejores jugadores del Real Zaragoza, para dar entrada a un central como Hugo Barrachina. Un cambio defensivo para pasar a jugar con tres centrales que nadie entendió.
Su decisión no fue la mejor, visto lo sucedido en el segunda parte, en el que el cuadro maño no defendió mejor y casi acabó perdiendo el encuentro. Al final se salvó un punto de forma milagrosa. Lejos de echar balones fuera, el técnico asumió su culpa con toda naturalidad, algo que hacía mucho que no se veía en el club blanquillo.
El ejemplo más reciente fue cuando avisó que los jugadores podrían disfrutar unas horas por la noche de las Fiestas del Pilar, ya que ayer y hoy no entrenan: "Igual os los encontráis pero seguro que no veis al que se ha equivocado, que he sido yo", indicó.
"Estoy jodido porque me he equivocado en el planteamiento que he hecho. Asumo la responsabilidad porque no ha sido el correcto. Les he acelerado demasiado. El equipo es el que saca adelante este punto por alma", señaló en sala de prensa con su cachirulo en la muñeca por las fiestas del Pilar.
Desde su llegada, el vasco se ha ido ganando a su plantilla y afición por su humildad, trabajo, optimismo y cercanía. Demostrando que es un gran gestor de grupo, teniendo enchufados a todos sus futbolistas jueguen o no. Muy alejado del perfil de otros entrenadores que han pasado por Zaragoza en los últimos años de ingrato recuerdo. Desde la normalidad más absoluta y autocrítica cuando toca, Ibai ha devuelto la ilusión al zaragocismo.
Los aragoneses mantienen el liderato de su grupo gracias al último empate y, a partir de mañana comenzarán a preparar el partido del domingo contra el Murcia, segundo clasificado. Eso sí, lo harán a puerta abierta en la Ciudad deportiva, ya que el club ha decidido seguir celebrando las Fiestas junto a su afición. La unión hace la fuerza.





