En el minuto 85 de partido, el ambiente en El Sardinero saturaba decibelios. Se mezclaban el enfado monumental de la afición del Racing con Munuera Montero y el agradecimiento a su equipo por no dejarse llevar hacia una goleada escandalosa tras el 0-3 al descanso.
Entonces se paró el partido para la que iba a ser la última sustitución. Desde el banquillo del Madrid se levantó el luminoso con el 25 para que saliera Diomande del campo y entrara Endrick. Colocado en su banda, la contraria a la de las sustituciones, Diomande no cruzó el terreno de juego. Con 0-3 en el marcador, decidió salir por su banda y recorrer el perímetro del campo por fuera para dirigirse al vestuario.
De repente, y en medio de la histeria que rodeaba al partido, una ovación comenzó a acompañar el camino del delantero del Madrid hacia los vestuarios. ¿Qué había pasado? ¿Por qué el costamarfileño caminaba sin camiseta? La respuesta estaba en la grada que ocupan los chavales de la cantera del Racing y en la camiseta del jugador del Madrid que sostenía uno de ellos.
Ese chico de las categorías inferiores del Racing comenzó a gritar cuando se realizó el cambio: "¡Diomande, dame tu camiseta! ¡Diomande, dame tu camiseta!". Al principio, el jugador del Madrid pasó de largo, como si no hubiera entendido nada. De repente, se quedó parado, dio media vuelta y buscó al muchacho que se desgañitaba pidiendo la camiseta. Se fue hasta la zona que ocupaba, en la primera fila de la tribuna contraria al palco, y se la dio.
A la alegría del chico, que abrazaba su tesoro, se sumó toda la gran ovación dedicada a Diomande por ese sector del estadio. Los que lo vieron y aquellos a los que les fueron contando qué había pasado fueron los protagonistas de una ovación que sonaba fuera de lugar en el tenso contexto del partido.





