No sé qué se escribe cuando eres campeón del mundo. En 2010 vi el partido en el sofá de mi casa con mi padre y con mi abuelo, todavía no me atrevía ni a soñar con que España repitiera título y que a mí me pillase aquí, con la columna de la 24 del MARCA en blanco para mí. Ojalá la pudieran leer mi padre y mi abuelo.
El fútbol no es justo. Lo decimos cuando gana el equipo que queremos que gane, pero no es justo. El fútbol es el fútbol. Pero para que siga habiendo millones de aficionados a este maravilloso deporte es mucho mejor que este Mundial lo haya ganado España. Que no triunfe el plan marrullero, que no gane el que lo único que quiere es no perder.
Argentina llegó al Metlife a intentar que España no jugase y para ello utilizó todo eso que ellos consideran ser listo y que en realidad a veces roza ser un mal deportista. Desde el inicio fueron a chocar en todas las acciones, a desequilibrar al rival en todos los saltos, a intentar provocar a un equipo que sabían superior.
Pero ganó España. Ganó la España que lleva galletas y palmeras al trabajo los días importantes. Ganó el equipo que quería ganar, el país que se quería abrazar, el fútbol que el mundo quiere imitar. Ganó el bien. Ganó una manera de entender el deporte y la sociedad. Ganó la España multicultural, la España que necesita de todos para ser mejor. Ganamos los buenos, en definitiva. Porque teníamos que ganar.
Ya tenemos dos estrellas en la camiseta. Por todas las que se han iluminado en el cielo desde que ganamos el último Mundial.





