Es difícil encontrar un jugador con mayor ratio de eficacia que Mikel Merino. Su influencia en los resultados de España es tal que, si borrásemos su nombre de la ecuación, podríamos habernos quedado en cuartos de final de la Eurocopa de Alemania o en octavos de final del Mundial. Nadie sabe si su gol lo marcaría otro compañero o si no hubiese llegado nunca, pero por suerte no tendremos que imaginarlo porque la fórmula Merino se inventó en Pamplona.
De los quince goles que ha anotado con la selección española, siete han sido saliendo desde el banquillo. "Alguna vez sí que fallo, pero estoy contento de que últimamente me está tocando acertar. Llegará un día en que no marque y no será extraño. Es muy complicado salir al partido y generar un impacto con goles. Estoy teniendo la fortuna de que me están cayendo y creo que puedo aportar al equipo. No hay más que ser ambicioso, quererlo y, cuando te cae, haberlo entrenado y estar preparado", confiesa.
La fórmula Merino fue más eficiente que nunca con su doblete en la segunda parte ante Croacia, pero no es nuevo. Ante la República Checa salió desde el banquillo y marcó; ante Portugal y Bélgica, en octavos y cuartos del Mundial, salió desde el banquillo y marcó; ante Países Bajos, en cuartos de la Nations League, salió desde el banquillo y marcó; y ante Alemania, en cuartos de la Eurocopa, salió desde el banquillo y marcó.
Luis de la Fuente advirtió en la previa del partido ante Croacia que "Mikel es un valor seguro salga cuando salga". La reflexión viene a colación de que, desde que regresó de su lesión, ha participado en todos los partidos de la selección, pero sólo fue titular en el tercer encuentro de la fase de grupos del Mundial, frente a Uruguay. "¿Podría jugar desde el inicio? Sí, pero en esos minutos nos da muchísimo", asegura De la Fuente.
Él, como es lógico, no se conforma. "A mí lo que me gusta es jugar a fútbol. Ser suplente siempre no es el mayor agrado para un futbolista. Estar dentro del campo es lo que me hace feliz y sentirme realizado con mi profesión. Salir desde le banquillo y meter gol es único, pero no lo firmo", confiesa Merino.
La confianza del seleccionador en Merino es ciega e inquebrantable. Lleva años entrando en sus planes y a principios de este año, cuando Mikel no podía ni levantarse del sofá por su lesión, se cansó de repetir que lo esperaría para el Mundial. "Es un honor dirigir a un jugador así. Ha demostrado claramente por qué hubiera ido a recogerle en brazos para el Mundial. En otro país sería más valorado", demanda el técnico.
En el vestuario también lo ven como un valor seguro. "No te creas que hay mucho vacile. Hoy me han vuelto a repetir que iba a meter nada más salir. Siempre me ha gustado llegar al área, desde que era pequeño. A raíz de jugar de delantero he visto dónde le incomoda a los centrales que yo esté e intento buscarles las cosquillas. Cuanto más entrenas en esa posición, más mejoras", explica.
Porque Merino es un jugador total, una fórmula que siempre despeja la 'x' y da luz a la selección. Un seis invertido, un falso nueve, un centrocampista con llegada, un delantero rematador o un reanimador de partidos. Llámenlo como quieran, pero lo bueno es que, cuando aplicas la fórmula Merino, todos los días son de chupinazo.




