La final del Mundial entre España y Argentina se presenta como un duelo de renuncias, donde ambos equipos deben adaptarse a perder la posesión del balón en algún momento del partido. Ambas selecciones han demostrado ser capaces de jugar sin la pelota, lo que convierte la final en un desafío táctico. España ha jugado con un sistema 4-1-2-3 en la mayoría de los partidos, mientras que Argentina ha variado su dibujo en diferentes partidos, pero siempre con el doble sostén de Paredes y Enzo por dentro y Messi libre entre líneas.
España es conocida por su presión alta, con un PPDA de 8,94, lo que la convierte en el equipo más agresivo del torneo. La selección española también destaca por su capacidad para recuperar el balón rápidamente, con un promedio de 11,5 segundos. En cambio, Argentina ha demostrado ser efectiva en completar pases bajo presión alta, con un 97,6% de acierto. Sin embargo, Argentina también tiene un punto débil: ha perdido la pelota en zonas peligrosas en 6,43 ocasiones por partido, lo que podría ser explotado por España.
La final también se presenta como un duelo entre dos estilos de juego diferentes. España busca romper líneas con pases, mientras que Argentina lo hace con conducciones. La selección española ha completado 378 líneas superadas en 319 pases, mientras que Argentina ha realizado 41 regates y 55 progresiones con Messi. La clave para Argentina podría ser encontrar la forma de sortear la presión española y llegar al área rival con precisión.
Otros factores que podrían influir en el resultado del partido son la ventaja aérea de España, que gana 5,43 duelos aéreos ofensivos por partido, y la superioridad física de la selección española, que lidera todos los registros físicos del Mundial. Sin embargo, Argentina tiene un arma letal en Messi, que puede cambiar el curso del partido en cualquier momento. La final se presenta como un partido emocionante y tácticamente interesante, donde cualquier detalle puede ser decisivo.





