La fe mueve montañas y también acelera corazones. Pedro Porro, con su gol ante Francia, ha demostrado que con fe y confianza en uno mismo se pueden hacer grandes cosas. La jugada que culminó en su gol nació de sus botas y de su empeño, después de una triangulación en defensa en la que Porro apareció como un centrocampista más.
La jugada que culminó en el gol de Porro fue un ejemplo de su calidad. Después de una triangulación en defensa, Porro se encontró en la otra punta del campo, se frenó, miró a los ojos al rival y encontró a Olmo, que firmó una pared sensacional para que Porro acabase batiendo a Maignan.
Pedro Porro fue suplente en el primer partido del campeonato ante Cabo Verde, pero aprovechó su oportunidad ante Arabia Saudí y se convirtió en el dos de Luis de la Fuente. Ante Austria marcó de cabeza y se lo dedicó a sus hijos; frente a Francia volvimos a verlo sentado en el suelo, sonriendo y con el puño en alto, celebrando.
Porro se fue al banquillo en el minuto 84, extenuado por su esfuerzo físico para detener a Barcola y a Doué. Lo hizo con solvencia mientras estuvo en el campo y se retiró con la ovación de todo el estadio de Dallas tras un partido impecable. Después de una temporada dura con el Tottenham, Porro ha recuperado su mejor versión con la selección y es una de las revelaciones del campeonato.




