D ijo Mourinho, y lo repitió por si quedaban dudas, que con Güler y Bernardo de titulares les habrían metido cinco en Roma. De momento, el fútbol se empeña en llevarle la contraria. Sin ellos, el Madrid perdía 3-1. Con los dos en el campo desde el minuto 70, acabó ganando 3-4. Ante el Leipzig volvieron a dejar su versión de los hechos: Bernardo marcó el 1-0 y Güler, el 2-0. Los blancos empezaron a domar el partido cuando los dos zurdos se hicieron con el juego. Bastó con que el turco se alejara de la banda y se asociara por dentro con el portugués para que el equipo de Mourinho, que fue el que los puso de titulares, todo hay que decirlo, empezara a encontrar soluciones. No fue un partido excelso del Madrid, pero con ellos el juego suele tener sentido. Que tampoco es poca cosa. Ellos pusieron la clase y el juego y Mbappé y Diomande la pegada: qué locura sus goles.
Si le dieran el Balón de Oro no habría que llevarse las manos a la cabeza. Individualmente, pocos jugadores alcanzan la perfección como Thibaut en cada partido. El Madrid vivió una plácida noche en el marcador porque su portero hizo dos milagros en la primera parte. Para eso está, obvio, pero en un deporte en el que casi siempre se mira a los delanteros, es de justicia poner en valor a un jugador que tiene menos reconocimiento del que merece.
Otro golazo de Diomande, que está desatado. Pletórico de confianza, enganchó una volea a pase de Brahim y mandó el balón a la escuadra. Uno de los goles de la Champions. Hace un mes la pelota habría acabado rebotando en el techo, pero ahora acaba en la red. Y sonríen en el Madrid, que se la jugó con un precio de locura. Y sí, sigue siendo de locos, pero jugando así igual se termina olvidando.
No está bien Vini y viene de lejos su mal estado de forma. Pero ante el Leipzig no es que se viera una mala versión del brasileño, sino que se vio su lado más triste, el que nunca había mostrado en el Real Madrid. Apagado durante todo el partido, fue sustituido entre pitos a 20 minutos del final. Y Vini, con la mirada perdida, abandonó el terreno de juego. Sin aspaviento o rebeldía alguna, asumiendo que está lejos de su mejor versión e inmerso en una crisis de juego importante. La sanción de cuatro partidos le ha afectado.
Se lesionó a una semana de empezar el Mundial, en el peor momento posible. Se quedó sin el torneo y ha pasado más de cuatro meses fuera de los terrenos de juego. Por fin ha vuelto. En el Bernabéu. Un buen escenario para dejar atrás tan larga espera. Y el fútbol lo celebra, porque recupera a un jugador extraordinario. Lo ha demostrado durante los últimos años en el Leipzig, donde su crecimiento había empezado a abrir un debate. ¿Cuánto tiempo más podría retenerlo el club alemán? Antes de la lesión, el equipo ya parecía quedársele pequeño. Volvió con asistencia.
¡Pitos a Cucurella! De los aficionados del Leipzig, distribuidos por todo el Bernabéu. Alemanes, claro. Porque en Alemania no olvidan aquella mano en cuartos de la Eurocopa. Una mano involuntaria que el protocolo por entonces no contemplaba como clara y antinatural. Pues desde entonces no hay alemán que no le silbe. Y no tiene sentido.
Buena actuación de Camavinga. Saltó al campo con otro ánimo y de menos a más terminó firmando una actuación notable. Necesita el Madrid volver a subir al tren a un jugador que tiene mucho más de lo que ha mostrado estas dos últimas temporadas. Ante el Leipzig mostró que puede ser un jugador importante para el Real Madrid.




