Desconcierto en el Bernabéu tras la entrada de Marc Cucurella al terreno de juego en el minuto 70 por Carreras. Y es que cada vez que el lateral izquierdo tocaba el balón, una sorprendente música de viento recorría las gradas de todo el estado. Lo que en principio parecía un sinsentido difícil de comprender en su propio estadio escondía una curiosa realidad numérica y un rencor que aún perdura.
El plan de seguridad del Madrid contemplaba la localización de unos 2.000 hinchas germanos, ubicados en el último anfiteatro del fondo norte. Sin embargo, la realidad sobre el césped desveló un escenario completamente diferente. Aprovechando la reventa y los canales alternativos de entradas, cientos de aficionados alemanes consiguieron infiltrarse de manera silenciosa por todo el estadio, camuflados entre las localidades locales. Su presencia dispersa fue la que provocó la extraña sensación de que los pitos no nacieran de un foco aislado, sino que resonaran de forma fuerza desde cualquier rincón del Bernabéu.
Así las cosas, los hinchas teutones no olvidan ni perdonan lo sucedido en los cuartos de final de la Eurocopa 2024. En aquella agónica prórroga, un disparo de Musiala impactó en la mano de Cucurella. Ni el colegiado ni el VAR señalaron la pena máxima, y España metiéndose en semifinales ante la anfitriona del torneo. Para encender más la llama, meses después la propia UEFA admitió oficialmente que la acción debió ser castigada con penalti.
Aunque la ofensiva sonora de los infiltrados alemanes tomó por sorpresa al estadio en los primeros minutos por lo inusual de la situación, la paciencia del público madridista se agotó rápido. Al percatarse de la extraña encerrona que estaba sufriendo Cucurella, el resto del Bernabéu se volcó con su jugador para tratar de contrarrestar el ambiente hostil con aplausos cada vez que tocaba el balón.




