Explicar el partido de Arda Güler ante el Rayo es narrar la cronología de un escándalo. Fueron apenas 23 minutos sobre el césped, pero qué 23 minutos. Su irrupción fue, con diferencia, la nota más brillante de una noche en la que el Madrid volvió a golear pese a mostrar dos caras distintas, lastrado por el físico en una semana que le depara dos compromisos exigentes antes del parón, con la visita al Metropolitano como plato fuerte.
Güler entró en el minuto 72 para agitar un partido que se le estaba haciendo bola al Madrid. El Rayo había hilvanado varias llegadas de peligro que volvieron a sacar a relucir la mejor versión de Courtois, con paradas de mérito e incluso un disparo al palo. En ese contexto de zozobra, el turco apareció para poner orden y algo de equilibrio. Dio control al juego, se dejó ver por todas las zonas y se erigió en un torbellino desatado en tareas ofensivas.
Lo primero que hizo fue repartir dos balones que fueron auténticos caramelos. Uno de ellos, a la cabeza de Dumfries, que de no mediar una gran parada de Audero habría supuesto el primer gol del neerlandés de blanco. Después estuvo cerca de provocar un penalti y, acto seguido, probó al meta rayista desde fuera del área con otro disparo envenenado. Puro descaro en cada intervención.
Sus minutos entre líneas fueron una delicia para el paladar de los más exquisitos del Bernabéu. Combinó con un Bellingham al que se le agotaba la gasolina, con Mbappé y con Vinicius, tejiendo el juego con una sencillez al alcance de muy pocos. Y fue precisamente al galo a quien asistió en el 4-1 que cerró la goleada, la rúbrica perfecta a un cuarto de hora de ensueño.
Ante semejante exhibición, muchos se preguntaron por su suplencia, más aún viniendo de estar sancionado y no haber jugado entre semana ante el Inter. La explicación, sin embargo, tenía nombre propio: Mourinho reservó la titularidad para dar la primera oportunidad en esa posición a Diomande, el fichaje más caro de la historia del club, un estreno que se estaba haciendo esperar. De ahí la disyuntiva.
El propio técnico salió al paso en rueda de prensa, consciente del runrún. "Arda juega mucho, pero estoy cien por cien seguro de que si hoy no juega Diomande de titular, la primera pregunta sería por qué no juega o cuándo juega", razonó. "En nuestro banquillo solo se ve calidad, y las preguntas van a ser cada partido por qué juega uno y no el otro. Arda es muy bueno. Brahim hizo un gran partido ante el Inter. Diomande está trabajando para mejorar y tiene un gran potencial".
El debate, en cualquier caso, vuelve a estar más vivo que nunca, porque Güler se ha convertido en imprescindible por todo lo que genera para los suyos. Es un futbolista diferente, atraviesa su mejor momento desde que aterrizó en Madrid y quizá sea, junto a Bernardo Silva, el que más fútbol atesora hoy en la plantilla. Prescindir del turco, a estas alturas, se antoja casi un pecado.
En el horizonte asoman Elche y el Metropolitano, este último el primer gran examen del curso para los de Mou. La temporada pasada, casi por estas fechas, el Madrid de Xabi Alonso cayó goleado en el feudo colchonero. Aquella tarde, eso sí, Güler dejó su huella pese a la derrota, un aviso de que en las grandes citas el turco siempre quiere ser protagonista.




