Ni el botafumeiro de la catedral de Santiago, ni una locomotora de vapor, ni una chimenea en plena Nochebuena. Nada humea tanto estos días como el Clásico que se avecina. Quedan 23 días para el Barça-Madrid del próximo 25 de octubre en el Camp Nou (21:00 horas), pero el fuego ya prende mucho antes de que ruede el balón. Una acumulación de frentes abiertos, dentro y fuera del césped, amenaza con convertirlo en uno de los duelos más calientes que se recuerdan.
El primero de esos frentes, y el más incandescente estos días, es el caso Negreira. Apenas ayer, la UEFA confirmó por comunicado haber recibido del Real Madrid "una cantidad sustancial de documentos" relacionados con la investigación en curso sobre el FC Barcelona en el asunto que involucra a José María Enríquez Negreira, exvicepresidente del Comité Técnico de Árbitros. En otras palabras, el famoso dosier de Florentino.
Ante esto, el organismo europeo precisó que sus inspectores de Ética y Disciplina los tendrán en cuenta como parte del procedimiento, lo que el madridismo leyó como una reactivación en toda regla. El club blanco respondió de inmediato con otra nota, exigiendo "máxima celeridad" y asegurando que la denuncia "incorpora abundante documentación y evidencias sobre hechos de extraordinaria gravedad".
El Barça, por su parte, se apresuró a rebajar el impacto. La entidad azulgrana sostuvo que no existe tal reapertura, puesto que el expediente iniciado en 2023 "nunca se ha cerrado", y recordó que la UEFA no le había trasladado formalmente ningún nuevo requerimiento. Dos relatos enfrentados para un mismo hecho que ahondan en la brecha entre ambos clubes.
Y es que el culebrón judicial suma capítulos sin descanso. Florentino Pérez y el Barça están citados el próximo 25 de noviembre a un acto de conciliación, fruto de la demanda por calumnias que la entidad catalana presentó a raíz de las declaraciones del presidente blanco el pasado mayo. El Barça le exige que se retracte, y ha avanzado que, de no hacerlo, interpondrá una querella criminal.
A ese pulso de despachos se suma un regreso cargado de morbo: el de Mourinho al Camp Nou. El luso no pisa el feudo azulgrana como entrenador del Madrid desde aquel 1-3 de las semifinales de Copa de 2013, en el último año de su primera etapa. Trece años después, el Special One vuelve al escenario de algunas de sus noches más broncas, con la vitola de quien siempre ha hecho del Clásico un espectáculo a su medida. Su sola presencia en ese banquillo ya es, de por sí, un aliciente eléctrico.
En lo estrictamente deportivo, el choque llega con la soga algo tensa para los de Mourinho. Por ahora, el Barça aventaja en seis puntos al Madrid en la clasificación, una distancia que convierte la cita del Camp Nou en una final anticipada. De pinchar allí, el conjunto blanco vería cómo la Liga empieza a tomar un color peligrosamente azulgrana a estas alturas del calendario. Ganar, en cambio, recortaría la brecha y devolvería el campeonato a la incertidumbre. No es aún una cuestión de vida o muerte, pero se le parece.
El duelo tendrá, además, un subtexto individual de altísimo voltaje. El de Lamine Yamal y Mbappé, dos de los grandes aspirantes al Balón de Oro. Ambos han protagonizado sendas campañas públicas por el galardón durante el último mes, reivindicándose sin pudor, y el morbo está servido porque el premio se entrega el 26 de octubre, apenas un día después del Clásico. Las votaciones se cerraron el 28 de septiembre, de modo que lo que ocurra en el Camp Nou no alterará ya el recuento, pero el pulso entre los dos cracks añadirá una capa de tensión extra a un duelo que no necesitaba más.
Ni siquiera el mercado veraniego ha quedado al margen de esta rivalidad enconada. El Clásico reabrirá, de refilón, las heridas de un verano de pulsos cruzados por varios futbolistas. El Madrid se llevó a Bernardo Silva y a Cucurella en operaciones que el Barça siguió de cerca, mientras que la gran batalla, la de Rodri, cayó del lado azulgrana, que se adelantó al conjunto blanco por el mejor jugador del último Mundial y una pieza que se creía necesaria en el engranaje de Chamartín.
Con semejante cóctel, el Clásico del Camp Nou se antoja mucho más que un partido de Liga. Es el cruce de todos los caminos: el judicial, el emocional, el deportivo, el individual y el del mercado, todos confluyendo en noventa minutos de máxima tensión. Faltan 23 días, pero la cuenta atrás ya quema. Y cuando por fin ruede el balón, el fuego que hoy chisporrotea amenaza con convertirse en incendio.




