No podía imaginar José Rojo Martín 'Pacheta' lo que le deparaba el destino cuando estampó su firma en el contrato que le convertía en nuevo entrenador del Granada, una montaña rusa plagada de obstáculos e imprevistos que ha ido sorteando con pericia, manteniendo a flote un barco que, por momentos, parecía abocado al naufragio.
El técnico burgalés llegó a Los Cármenes en una situación límite, con la misión de reengancharse a la lucha por el ascenso, una meta que se le escapó entre los dedos con la derrota ante el Racing, una 'cornada', como le gusta llamarlo a Pacheta, que aún escuece y que llevó al club andaluz a una situación límite, tanto en lo económico como en lo deportivo.
Con numerosos impedimentos y una plantilla limitada, Pacheta afrontaba un nuevo curso al frente del Granada, sin torcer el gesto, manteniendo un optimismo contagioso, convirtiéndose en el faro del granadinismo en los pasajes más oscuros de la temporada, cuando el abismo se asomaba con una realidad.
Tras construir un equipo competitivo, Pacheta logró esquivar la 'quema' con cierta tranquilidad. El verano tampoco iba a ser tranquilo, con un proceso de venta que casi se lleva por delante la planificación, pero parece que finalmente los engranajes han encajado y se ha podido formar un plantel competitivo, vitaminado con una hornada de canteranos que vienen pisando fuerte, una mezcla con la que el de Salas de los Infantes parece haber moldeado un equipo con carácter, listo para pelear por cotas más altas que la simple permanencia, como ha demostrado ante Oviedo y Mallorca, dos recién descendidos a los que se enfrentó sin complejos.
En total, 50 encuentros, 47 de liga y 3 de Copa del Rey, al frente del Granada, con 17 victorias, 13 empates y una veintena de derrotas. Unas bodas de oro que llegan tras un periplo tumultuoso, en el que Pacheta ha sabido ser el guía del equipo, portavoz del club, el tutor de los jugadores y el terapeuta del granadinismo y todo respaldado con un trabajo incansable que ahora comienza a aflorar.





