La ciudad de Nueva York ha sido testigo de una serie de eventos destacados en las últimas semanas, desde la victoria de los Spurs hasta la celebración del anillo de los Knicks, y ahora, la boda del año entre Taylor Swift y Travis Kelce ha tomado el centro de atención. La boda, que se lleva a cabo en el Madison Square Garden, ha requerido un dispositivo de seguridad similar al de una visita presidencial, con más de 200 policías destinados a la seguridad y varias calles bloqueadas hasta altas horas de la madrugada.
Durante la jornada, el corazón de Midtown ha permanecido blindado, con camiones descargando material, montacargas entrando y saliendo sin descanso, y carpas gigantes para ocultar los accesos. La ciudad afronta uno de los fines de semana más complejos del año, con el puente del 4 de julio, las celebraciones por el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, una ola de calor y el constante movimiento de aficionados del Mundial.
La boda ha generado gran interés y ha causado algunos inconvenientes para los viajeros, que se han encontrado calles cortadas y accesos cerrados. Las estimaciones sitúan el coste de la celebración por encima de los 20 millones de dólares, que podría superar los 40 millones al incluir la producción completa, la decoración y la gran donación benéfica anunciada por la pareja. La celebración ha reunido a cerca de 1.000 personas y ha incluido un ensayo privado para un centenar de invitados.
Lo que más comentarios ha generado en Nueva York no ha sido el dinero, sino la donación de 26 millones de dólares que Taylor Swift y Travis Kelce han anunciado para diferentes organizaciones benéficas, incluyendo una aportación de dos millones a la fundación de Dolly Parton para fomentar la lectura infantil. Los invitados han sido solicitados a no llevar regalos, lo que ha sido visto como un gesto de generosidad por parte de la pareja.




