Una de las sorpresas del mercado del Barcelona se produjo a las primeras de cambio. En el mes de junio, el debate estaba en si el club ejecutaría la opción de compra de 30 millones que tenía sobre Marcus Rashford. Lo que en enero parecía claro, a final de temporada se había puesto muy crudo y todo hacía indicar que finalmente no se haría. Y así fue. Porque, incluso antes de que caducara el plazo de dicha opción, el Barcelona fichó a Anthony Gordon.
Fue una sorpresa. Su nombre no se había barajado entre las opciones para reforzar el ataque, que se centraban más en un delantero centro. Fue una petición de Hansi Flick, que veía en el británico a un jugador con un enorme potencial. Lo había seguido a lo largo de la temporada y lo había visto en directo en los enfrentamientos de Champions con el Newcastle.
Su principal virtud era la velocidad. Tiene el registro más alto de la Champions y ha alcanzado una velocidad punta de 37,92 km/h. En el pasado Mundial también fue el jugador más veloz. En el Barcelona no ha tardado en demostrarlo. Lo que hizo en Elche, en el cuarto gol, fue una clara exhibición. En apenas veinte metros sacó tres de ventaja a su rival para encarar al portero antes de regalarle el gol a Fermín.
Fue una clara demostración de lo que tiene el Barcelona por la banda izquierda. Y Adeyemi no le va a la zaga por la derecha, porque también es un extremo muy veloz. Gordon, además, tiene otra gran virtud: la presión sobre el rival. Y, con esa velocidad, su capacidad para robar el balón es muy alta.
La apuesta del Barcelona por Gordon ha sido muy potente. El inglés ha costado 70 millones de euros fijos, más otros 10 en variables. Hasta ahora, es el fichaje más caro, incluso por encima de Rodri. En su primer partido dio dos asistencias, un buen comienzo. Y no hay que olvidar que su polivalencia le permite jugar también como delantero centro.





